EL ESPIRITUALISMO TRINITARIO MARIANO Y EL TERCER TESTAMENTO: LOS HECHOS POCO CONOCIDOS DE MEXICO, 1866-1950.

“Vine sobre la nube, de ella hice descender mi rayo universal y por medio de él me habéis tenido en Verbo, en esencia, presencia y potencia. Desde 1866, desde Roque Rojas, hasta 1950 por el conducto de los últimos portavoces por quienes he hecho repercutir mi palabra universal; que si hoy habéis conocido unos cuantos que forman mi pueblo, miembros del pueblo de Israel, elementos de las doce tribus, mañana, por estos testigos y emisarios que dejo entre la humanidad, será conocida en todo el orbe, será proclamada como verdad y será ancla de salvación, puerto acogedor, estrella para todos los caminantes y reino de paz para todo el universo, porque esta es mi voluntad”. TT, E366,93; recibida el 31 de diciembre de 1950.

El Espiritualismo Trinitario Mariano es un movimiento, con características religiosas, que se desarrolló en el centro de México, entre 1866 y 1950, lapso en el que produjo “El Tercer Testamento”; que, según sus propias aseveraciones, sería la tercera parte de la Biblia cristiana. Este libro se compone de un texto principal, conocido bajo el nombre de “Libro de la Vida Verdadera”, cuya primera edición en español, en doce volúmenes, apareció en 1956, en México DF.[1]

Contrariamente a todo lo que afirman, y esperan, todas las religiones y confesiones menores del Cristianismo, el Espiritualismo Trinitario Mariano sostiene que el segundo advenimiento de Cristo no sería algo a venir sino algo que ya se habría producido. Y no precisamente en Roma, ni en el Monte Athos -o en cualquier otro centro de la fe ortodoxa- ni, como muchos lo esperaban, en la Jerusalén judeo-cristiana, ni tampoco en la esfera del protestantismo, sino en un país del denominado tercer mundo: México.[2]

En efecto, según las propias afirmaciones del Tercer Testamento, tal cosa se habría realizado en el más grande silencio y al amparo de los hechos que sacudieron el mundo durante todo este periodo, comprendido entre 1866 y 1950, en los suburbios de México, principalmente. Sin embargo, tal segundo advenimiento no se habría producido en el plano físico (en materia, según sus propias palabras) sino en espíritu, o “sobre una nube” como simbólicamente había sido profetizado en el Nuevo Testamento.[3]

Este segundo advenimiento, en espíritu, habría permitido que cientos de personas surgidas del pueblo (al principio, mayoritariamente analfabetas) recibieran “por inspiración” algunos miles de cátedras, tanto “del Padre” de “Cristo” o del “Espíritu Santo” -con las que se habría conformado El Libro de la Vida Verdadera– que de “María” –El Mensaje de María– del “Profeta Elías” –El Precursor– o del “Mundo Espiritual de Luz” –Los Protectores.

Tales textos no serían solo una simple continuación de la Biblia, sino una sorprendente progresión y puesta al día del conocimiento que ahí se expone. Un conocimiento que, según las propias afirmaciones del Tercer Testamento, no estaría dirigido solamente al “Pueblo de Israel”, “a los cristianos” o a los practicantes de otras religiones o disciplinas espirituales[4], sino a todos los espíritus “ya sea encarnados o desencarnados” ya sea de este o “de otros” mundos.[5]

Ahí se encuentran, desarrolladas, no solamente cosas que eran poco claras, ambiguas o confusas en la Biblia[6], o en la tradición cristiana en general (cosas como la trinidad, como las nociones del “infierno”, del “diablo”, del “pecado”[7] de “la muerte”[8], etc.) sino aun muchas otras cosas que siguen siendo poco claras o abiertamente misteriosas: reencarnación, “reciclaje y evolución de la materia” (aun de las materias humanas[9]); explicación de la diferencia entre espíritu, alma y cuerpo; existencia de “n” dimensiones[10] en “el Universo” (que no sería más que una expresión “infinitesimal” de “La Creación”) y, talvez también, de “n” líneas de tiempo[11]; existencia, cierta, de vida en “otros mundos”[12], etc.

 

De entrada debe decirse que la calidad “literaria” de los textos no se corresponde ni con el medio social en el que, teóricamente, tuvieron su origen, ni con el tiempo histórico en el que, teóricamente, se produjeron.[13] Esto no quiere decir que sean extremadamente complejos o complicados. Al contrario: son de una extraordinaria simplicidad. Sin embargo, la profundidad de las cosas que ahí se exponen rebasa, muy largamente, todo conocimiento que pueda tenerse, todavía en nuestros días, sobre la materia.

De una manera difícilmente explicable, los textos del Tercer Testamento están redactados al mismo tiempo con la mayor rigurosidad y, al mismo tiempo, con la más grande simplicidad; en el español más “standard” o más “neutro” que se pueda concebir. No hay en el Tercer Testamento, en efecto, ningún “regionalismo” ni “particularismo” que permita situar “geográficamente” su origen, ni tampoco ninguna expresión que permitiera situarlo cronológicamente.

Se trata de un español accesible a todo mundo, pero, al mismo tiempo, enormemente rico en contenido “la palabra que os enseño -se lee, por ejemplo- es clara y simple en su superficie, pero profunda hasta el infinito en su contenido”.[14] Un lenguaje que, por este hecho, se presta siempre a muchos niveles de interpretación -siempre complementarios, nunca contradictorios- un lenguaje cuyo nivel de comprensión estaría siempre en estrecha consonancia con el nivel de evolución y comprensión de quien lo lee.[15]

Un lenguaje en el que, a pesar de los errores humanos que por todas partes pueden encontrarse (en estas ediciones completamente artesanales que existen hasta ahora) todo parece estar en relación con el todo y con cada una de sus partes. Un lenguaje donde nada parece ser producto del azar[16]. Un lenguaje cuyo único “referente” sería, precisamente, el lenguaje que se utiliza en la Biblia.

Algo que, en su propia “lógica” correspondería al “comienzo” de un tiempo diferente, al “comienzo de un tiempo nuevo”… ¿Ese tiempo del Espíritu Santo tan esperado y luego tan rotundamente olvidado?[17]¿Ese en el que se cumplirían las profecías del “fin de los tiempos”[18]? ¿Ese en el que “vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros viejos tendrán sueños, vuestros jóvenes tendrán visiones”[19]?  A los creyentes toca decidir. A los estudiosos, analizar.

 

¿Cuáles son las razones que abogan a favor de la autenticidad de estos textos? Por encima de todo, los textos en sí mismos, la sabiduría y la profundidad de las reflexiones, revelaciones y advertencias ahí expuestas. Y, por otra parte, el hecho de haber sido “recibidos”, según todas las evidencias, en numerosos sitios, a través de múltiples “portavoces” conservando, a pesar de todo, una unidad en su espíritu, en su “carácter”, en su “estilo”. ¿Qué obscura fuerza podría haber organizado un juego ilusorio de tales proporciones, durante décadas, en todo un país?

En estas “revelaciones” que, según sus propios dichos, habrían comenzado el año de 1866, con los primeros mensajes transmitidos a través de Roque Rojas[20], se encuentra, en todo caso, la explicación de nociones que eran, y todavía son, para la mayoría del cristianismo, consideradas como misterios, sobre todo el de la trinidad: que no sería más que la manifestación de “Dios” en tres fases distintas, como “Padre” como “Hijo” y como “Espíritu Santo”.[21]

Manifestaciones que corresponderían al nivel de evolución que la humanidad habría alcanzado en cada fase. Así, la primera manifestación de Dios, en tanto que Padre, en tanto que Potencia, habría tenido la finalidad principal de exponer la Ley; la segunda, como Hijo, la de predicar el Amor; y la tercera, comenzada en 1866, como Espíritu Santo, la de revelar la Sabiduría[22]. Así, Dios, sería cada vez, exactamente el mismo, solo que manifestado de manera distinta. ¡He aquí explicado el gran misterio de la trinidad!

Por su parte, el misterio de la “resurrección de la carne” es explicado en tanto que reencarnación del espíritu. El juicio “final” no existiría, porque todos los espíritus serían juzgados “permanentemente” a través de la ley de la “reencarnación”, derivada de la ley de “restitución”. Así, todos los espíritus gozarían de la posibilidad de reencarnarse tantas veces como les sea necesario para aprender y asumir todo lo que la vida humana tendría que enseñarles. Pero esta no sería más que un mero escalón de los innumerables que contiene la escala de evolución de los espíritus.

De hecho el Tercer Testamento afirma que la ley de la reencarnación estaría ya sugerida, más o menos claramente, en el Nuevo Testamento, sobre todo en lo que concierne la venida del profeta Elías, reencarnado en Juan el Bautista[23]. Y aun en lo que se refiere a la venida misma de Jesús que, como se sabe, era visto las más de las veces como uno de los profetas de la antigüedad[24]. (Debe recordarse que la reencarnación era un concepto aceptado en el cristianismo primitivo y que fue prohibido, por razones políticas, apenas en el año 543, por el emperador romano Justiniano[25]).

Con acuerdo a lo postulado por el Tercer Testamento, cada ser humano sería un conjunto de espíritu, de alma y de “materia”. El espíritu sería eterno, pura esencia, tal que su creador. El alma por más sutil que pueda ser, sería sustancia -y no existiría, por tanto, antes de la creación[26]. El alma sería no otra cosa que el elemento sutil a través del cual el espíritu se manifiesta en el mundo material. La materia, finalmente, el cuerpo físico, no sería más que “una fugaz vestidura”[27] “del cual el espíritu cambia, tantas veces como sea necesario para su evolución”.

Todo esto -espíritu, alma y cuerpo- estaría sometido, en sus propios planos, a la Ley de la Evolución y por increíble que pueda parecer, estos tres elementos tendrían, cada uno por su lado, sus propias tendencias e inclinaciones. Sin embargo, correspondería al espíritu imponerse sobre el resto.“Mucha fuerza posee la materia en sus inclinaciones y debilidades, pero el espíritu posee una fuerza superior con la cual debe imponerse. ¿Qué mérito tendría el espíritu si actuara sobre un cuerpo desprovisto de voluntad e inclinaciones propias?”[28]

Aun cuando sea una “chispa” de Dios, el espíritu estaría dotado de libre albedrío y, más aun, de una suerte de “personalidad” o “yo superior” que lo haría absolutamente singular y único. Y esto sobre todos los planos o etapas de la evolución. Esto sería lo que se manifestaría de una manera más o menos constante a lo largo de su vida, o etapa, humana: esto que comúnmente se conoce como carácter y que, según la evolución del espíritu, puede expresarse más o menos fielmente a través de “la materia” o cuerpo físico.[29]

Cada experiencia, cada vida humana (cada uno de estos “viajes de evolución espiritual”) sería juzgado por la propia conciencia del espíritu, que, a partir de esto (y luego de un lapso de reposo y meditación) formaría su propio plan de evolución. Así, su nueva encarnación se haría en un cuerpo de hombre o de mujer, en una raza humana o en otra, con tales y tales tendencias, etc. Sin embargo, contrariamente a todo lo que podría suponerse, ninguna de las reencarnaciones sería aleatoria.

Al contrario, cada una respondería y estaría en consonancia con todo un conjunto de espíritus, de tal manera que, a través de cierto mecanismo (cuyas matemáticas estarían fuera del alcance humano) cada espíritu encontraría en su camino todos los espíritus con los cuales tendría que convivir. “En este mundo cada uno de vosotros está colocado por la sabiduría de Dios en su sitio y cerca de quien debe estar. A cada hombre le es asignado el círculo donde debe habitar, en el cual se encuentran espíritus encarnados y desencarnados con los cuales debe convivir”[30]. He aquí brevemente la ley de la reencarnación tal que la concibe el Tercer Testamento.[31]

Es fácil deducir todo lo que de aquí se deriva. En efecto, según el Tercer Testamento, la muerte, tal como se entiende, no existiría, ni el “castigo eterno”, ni “el infierno”[32] ni ningún espíritu cuya finalidad sea la de tentar a los hombres y empujarlos a hacer el mal.[33] Existirían en cambio espíritus (encarnados o desencarnados) en múltiples niveles de evolución, más o menos concientes de la realidad[34], más o menos libres, más o menos capaces de sustraerse a las influencias del bien o del mal; que desde el principio de los tiempos “flotarían” en el (o los) mundo (s) y más o menos capaces de influenciarlos.[35]

 

Son numerosas, entonces, las diferencias que pueden señalarse entre las escrituras de la Biblia y las del Tercer Testamento, pero estas no serían, a fin de cuentas, de fondo sino talvez solo de interpretación, y de nivel, evidentemente. Si se cree en lo que dice el Tercer Testamento, todo habría sido dicho y anunciado (de acuerdo al nivel alcanzado por la humanidad en cada momento) en las escrituras del “primer y segundo tiempos”[36]; sin embargo, errores de interpretación (y aun alteraciones concientes) habrían deformado la comprensión original de las cosas.

Todo esto añadido a la falta de fe provocada por la incapacidad de la cristiandad para reconocer los signos que anunciaban muy claramente el “fin del mundo” (que aun con enormes daños y perdidas innumerables de vidas humanas no sería “el fin del mundo” tal como se había entendido).[37] El mundo en efecto, luego del “nuevo diluvio” y de la “purificación” seguiría siendo “el mismo” después de haber hecho desaparecer todo lo que hubiese de “perverso” y “artificial”.

Una cosa es clara: el tono de admonición y de regaño presentes ciertamente en la Biblia -y machacados hasta el cansancio por las iglesias- desaparece casi completamente en el Tercer Testamento, que, a pesar de sus advertencias, bastantes severas, sobre “el fin del mundo” y sobre la necesidad imperiosa de regeneración, borra casi por completo el tono “apocalíptico” de la Biblia. De tal forma que todo es esclarecido y “suavizado” por la vía de la “sabiduría” y del “amor”. Y eso, aun a pesar de las profecías anunciadas.

Sin embargo estas son, como ya se dijo, enormemente relativizadas: “Luego de esta noche de tormenta que habrá vivido el mundo, el arco iris de la paz aparecerá y todo volverá a sus leyes, a su orden y a su armonía. Veréis de nuevo el cielo limpio y los campos fértiles, las aguas, en su corriente, volverán a ser puras y el mar será clemente; habrá frutos en los árboles y flores en los prados y las cosechas serán abundantes. El hombre, que habrá sido purificado y curado, se sentirá digno de nuevo y verá su camino preparado para su ascensión y retorno a mí”.[38]

Y, más importante aun, a esas profecías vendrían a añadirse otras no solo increíbles, sino aun inimaginables para el común de los cristianos: la llegada segura de la “comunicación de espíritu a Espíritu” y también la comunicación directa entre espíritus (encarnados o desencarnados), la posibilidad de recuperar (y de poder gestionar) todo su pasado espiritual, la posibilidad de desarrollar todos los “sentidos superiores” del espíritu (videncia, inspiración, revelación, profecía, etc.), la “mudanza”, cierta, hacia otros mundos o moradas[39], la posibilidad de recibir enseñanzas cada vez más claras, cada vez más elevadas, etc.[40]

 

De hecho, el Tercer Testamento es enormemente interesante aun si se le toma en su sentido exclusivamente literario. La imaginación se ve siempre colmada de cara a los horizontes “infinitos” que abre a cada momento. Sus afirmaciones son siempre coherentes e infaliblemente seductoras, aun para el lector más escéptico.[41] Más aun, todas las cuestiones ahí tratadas son de una incuestionable actualidad y dan infaliblemente una aclaración mucho más avanzada que el discurso científico más elaborado o el texto esotérico más audaz.[42]

Evidentemente, sería absurdo pretender establecer criterios de veracidad científica para todo lo que afirma el Espiritualismo Trinitario Mariano, pero una cosa es clara: no sería imposible que el Tercer Testamento fuera, en efecto, la tercera parte de la Biblia cristiana, porque todo corresponde con lo que ahí se dice. Dicho esto, creer que todo lo ahí expuesto es o no verdad es una cuestión completamente diferente (que por supuesto escapa a toda posibilidad de análisis científico).

 

Lo que sí se puede hacer es establecer y delimitar el contexto histórico y social en el que se produjo este movimiento que, extrañamente, es tan poco conocido. Y esto a pesar de que sus textos estén ya traducidos a múltiples lenguas.[43] Este estudio es posible. El trabajo no es simple sin embargo, sobre todo si se considera que, además de sus textos fundamentales y de sus principales sitios internet[44], es muy escasa la información bibliográfica o periodística con la que se puede contar.[45]

Afortunadamente son numerosos, todavía, los testimonios de primera mano que pueden recogerse con los testigos que vivieron, desde adentro, los últimos años de este movimiento, en México. A través de estos testimonios se puede reconstituir con relativa facilidad la atmósfera que prevalecía en esos recintos que muchos, equivocadamente, llamaban templos. Esos mismos donde además de “recibir” las cátedras divinas se producían toda suerte de prodigios y curaciones “milagrosas”.

Curaciones reales, al parecer, curaciones sorprendentes dadas a través de las “facultades”[46] que, por centenas, ejercían en todos esos recintos. Curaciones que se realizaban, al principio, utilizando toda la parafernalia habitual de la medicina indígena de México y que poco a poco comenzaron a devenir más sutiles y menos “materiales” (Al final de los años cuarenta, en los recintos más desarrollados, y los más fieles a los lineamientos del Tercer Testamento, se usaba casi exclusivamente agua simple y oración).

Debe decirse que es al interior de este movimiento donde se formaron muchos curanderos a los que erróneamente se les relaciona con la tradición conocida como chamánica. Esta fue, lógicamente, una de las cuestiones que comenzaron a dividir al Espiritualismo Trinitario Mariano. Porque desde el principio de estas revelaciones, se estableció que las “curaciones materiales” serían solamente transitorias, una simple manera de mostrar “al pueblo”, impregnado aun de fanatismo, que un nuevo tiempo había llegado.

Una manera, también de mostrar al “pueblo de Israel por el espíritu” que los hombres estaban dotados del “don de curación” y que, desarrollándolo, todos podían asemejarse a su “Maestro” cuya única finalidad, al momento de curar los enfermos, era la de enseñar a sus discípulos a proceder de la misma manera. “Todo lo que veáis que yo hago, vosotros lo podéis hacer”[47]. Con acuerdo a los testimonios, este ejercicio habría despertado la ambición material y mundana de algunos adeptos.

Todo esto contrariando el lineamiento claro y preciso de no “materializar”, en todos los sentidos,  las curaciones. En todo caso, parece que éste acabó siendo un factor de división importante al interior del Espiritualismo Trinitario Mariano, sobre todo en el decenio crucial de los años 40, en el cual se definieron los hechos y las circunstancias que produjeron el cisma que dividiría, en 1950 y hasta nuestros días, este movimiento que, de acuerdo a sus palabras, estaba llamado a abrir un nuevo renacimiento espiritual para la humanidad.

Los hechos son más o menos conocidos: el 17 de diciembre de 1950, es decir 14 días antes del fin de periodo establecido muy claramente en los textos del Tercer Testamento para el cumplimiento de estas “revelaciones a través del entendimiento humano” una parte, mayoritaria, pretendió recibir una cátedra divina, en la cual el inspirador de todas las revelaciones anteriores daba marcha atrás en sus lineamientos y permitía que esas prácticas se prosiguieran indefinidamente.

La parte restante, por el contrario, aceptando que esas revelaciones “a través del entendimiento humano” debían finalizar inevitablemente el 31 de diciembre de 1950 se resignó a prescindir de esas reuniones “siempre festivas y siempre muy numerosas” y luego de la recepción de la última cátedra, se dio a la tarea de reunir las alrededor de 3000 otras que comenzaron a llegar de todos los recintos (de México DF y de otras partes) en los que fueron recibidas.

Paradójicamente, la mayoría de ellas venían de los recintos que se rehusaron a suspender este tipo de comunicaciones, porque sus dirigentes quisieron borrar así toda traza del lineamiento claro y preciso de asumir, a partir del 1 de enero de 1951, el cumplimiento de la otra muy importante profecía del Tercer Testamento: la comunicación “de espíritu a Espíritu”.[48]

Esta parte minoritaria del Espiritualismo Trinitario Mariano llevó a cabo un enorme trabajo de selección y de depuración de todas las cátedras recibidas, hasta reunirlas y fusionarlas en 366 Enseñanzas, que fueron editadas por primera vez, como ya se ha dicho, en México, el año de 1956. Se trata, hasta nuestros días, de una edición absolutamente artesanal de 12 volúmenes, que a pesar de su modestia ha logrado dar a conocer este texto que debería ser conocido más largamente, y analizado y discutido, tal como lo amerita, dada su calidad y eventual trascendencia.

 


[1] También ha dado a conocer otros tres textos: “Los Protectores”, “El Precursor” y “El Mensaje de María”. Todos pueden ser consultados, parcialmente, en español, alemán, inglés y francés; sobre todo en los sitios www.tercertestamento.wordpress.com y www.144000.net. (Aunque cinco sitios más existen a la fecha: www.tercera-era.com, www.tercertestamento.org, www.das-dritte-testament.com , www.drittes-testament.de y www.le-troisieme-testament.com)
[2] Debe recordarse que Jesús se dio a conocer no en medio de las potentes civilizaciones de Roma o de Grecia, ni tampoco en el centro cultural judío de Jerusalén, sino en un lugar apartado y precario, la Galilea.
[3] “Como veían el cielo donde Jesús desaparecía, he aquí dos hombres vestidos de blanco que les decían: varones galileos ¿qué contempláis? Este mismo Jesús que hoy veis subir a los cielos, vendrá de la misma forma”. Hechos 1,10–11 “Entonces verán al Hijo del Hombre venir rodeado de nubes en toda su plenitud de poder y de gloria”. Lucas 21,27 “Estad listos, porque es a la hora menos pensada que el Hijo del Hombre volverá”. Lucas 12,40 “He aquí que él viene en medio de nubes”. Apocalipsis 1,7 Aún en el Antiguo Testamento hay un pasaje, en Daniel 7,13, muy claro: “veía en las visiones de la noche y he aquí que entre las nubes del cielo venía uno como Hijo del Hombre”.
[4] “Mi palabra no es solo para un pueblo, es para todos los pueblos, para todas las creencias y religiones”. E65,15 “No vengo creando una nueva religión ni esta doctrina viene a desconocer las religiones existentes”. E118,91
[5] “En ese tiempo os dije: Yo soy la luz del mundo. Porque me expresaba en tanto hombre y porque los hombres no conocían más que su pequeño mundo. Ahora, como Espíritu os digo: Yo soy la luz universal, que aclara la vida de todos los mundos, cielos y moradas, que ilumina y da vida a todos los seres y todas las criaturas”. E308,4
[6] “El tiempo del sentido figurado y de los símbolos está por terminar, porque vuestra evolución espiritual y vuestro desarrollo mental os permiten comprender mejor la realidad”. E74,6
[7] Algo nunca visto en el cristianismo: el “Dios vivo, único e indivisible” del Tercer Testamento es un Dios más bien tolerante, más bien permisivo “No os prohíbo que probéis de los árboles, pero es menester que estéis preparados para que sepáis distinguir el fruto bueno del malo. No podíais volver a mí sin antes haber saboreado todos los frutos de la vida y haberos deleitado con todos los placeres”. E131,6,36 “Nada os prohíbo porque nada contraría mis designios divinos, más tomadlo todo con moderación”. E159,17 Y refiriéndose a las relaciones carnales: “Si la primera ley fue la propagación de la raza humana ¿cómo concebís que el mismo Padre os aplicase una sanción por obedecer y cumplir con un mandato suyo? ¿Es posible, pueblo, que en vuestro Dios exista una contradicción semejante? E150,45 “Cruzad los caminos, bebed de las fuentes, probad y saboread los frutos, conocedme a través de todo”. E345,26  Hay, al mismo tiempo, una concepción ampliada del concepto del bien y el mal: “El que no hace el bien, pudiendo hacerlo, hace más mal que aquel que no sabiendo realizar buenas obras, se limita a hacer el mal, porque eso es lo único que podía dar”. E153,71
[8] “La muerte es solo un símbolo, la muerte existe solo para aquellos que no han alcanzado todavía el conocimiento de la verdad. Para ellos la muerte es todavía el espectro detrás del cual solo existe el misterio o la nada. A vosotros yo os digo: abrid los ojos y comprended que no moriréis. Vosotros, como vuestro Maestro, tenéis vida eterna. Si, discípulos, el espíritu no muere, solo vuela al más allá cuando llega el fin de su cuerpo. La carne tampoco muere, se desintegra y se confunde con los elementos de la naturaleza, de donde la hago surgir nuevamente para dotarla de espíritu. Sois inmortales, os he dicho”. E213,5
[9] “La carne desciende a la tierra para confundirse con ella, ahí se purifica, se transforma y emerge de nuevo a la vida, incesantemente; en tanto que el espíritu continua elevándose, continua su camino hacia la perfección y cuando vuelve a la tierra, es para él una resurrección a la vida humana y es también para su nueva envoltura una resurrección al contacto del espíritu. Pero la materia no es de naturaleza eterna. Solo el espíritu es eterno”. E151,58
[10] Esa sería la significación de Juan 14,2: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Ese número, de acuerdo al TT, sería infinito).
[11] “El pasado, el presente y el futuro son con vosotros, todo lo abarcan; es la eternidad que yo os concedo, en la cual vivís, de la cual yo quiero que seáis dueños, para que ya no poseáis solamente el tiempo material, ni seáis dueños solamente de este mundo”. E366,30 “El espíritu tiene potencia tanto para ocupar el lugar que el Padre le ha asignado en el más allá, como para desempeñar al mismo tiempo una misión junto a vosotros. He ahí la fuerza del espíritu”. E185,31
[12] “En el Segundo Tiempo os dije que en la casa del Padre hay muchas moradas y ahora, ratificando aquellas palabras, os digo que no sois los únicos habitantes en el Universo, ni vuestro planeta es el único habitado”. E292,3 “Desde hoy sabed: todos los mundos se encuentran habitados por mis criaturas, nada está vacío, todos son jardines y huertos benditos cuidados por María, la Ternura Divina”. E312,11
[13] Otra vez la aclaración: en sus inicios la gran mayoría de las gentes que “recibían” estos textos eran, como la mayor parte de la población mexicana de entonces, analfabetas.
[14] E322,10
[15] “Mi palabra ha sido para todos, humilde y sencilla” E244,35 “Mi manifestación es comprensible a todos. He hablado conforme a la capacidad de vuestro cerebro, porque no podrías comprender toda mi sabiduría”. E184,20
[16] “Analizad mi palabra sílaba por sílaba…porque cada frase encierra, cuando no una revelación, una profecía; cuando no un juicio, una lección para vuestro espíritu”. E76,49
[17] Cosa ya sugerida, o profetizada, en Lucas 18,8: “Empero, cuando el Hijo del hombre vendrá ¿hallará aun fe en la tierra?”
[18] Que, aun con cambios muy importantes y con innumerables perdidas humanas, no sería el fin del mundo físico en el que habitamos, sino solamente del mundo “egoísta, retraído y estéril” que conocemos: el “reino del mal”.
[19] Joel 3,1
[20] Se sabe bien poco del precursor del Espiritualismo Trinitario Mariano: Nació en México 1812-1879, de padre mexicano, de origen judío-sefardí, y de madre de origen otomí (pueblo indígena del centro de México que, en acuerdo con su propia simbología, habría recibido una profecía en la cual se anunciaba la llegada inminente de un nuevo tiempo). Habría estudiado durante tres años en el seminario de México y habría aprendido múltiples oficios (impresor, grabador, carpintero, ebanista, pintor, etc.) Habría tenido su primera visión el 21 de junio de 1861, en la cual el Ángel Gabriel -sic- le predice la llegada, cinco años después, del Espíritu de Verdad, anunciado en las escrituras, ordenándole preparar gentes para este fin. En ese lapso de tiempo habría curado, espontáneamente, a numerosos enfermos incurables. El primero de septiembre de 1866 habría transmitido, en tanto que primer portavoz el primer mensaje del “Mundo Espiritual de Luz”. Según las propias palabras del Tercer Testamento él habría sido “profeta, vidente y guía”. E345,57-58
[21] La denominación Espiritualismo Trinitario Mariano, viene justamente del hecho de creer en la primacía del espíritu sobre la materia, en las tres manifestaciones de un solo Dios vivo y verdadero y en el hecho de creer en ese Dios en tanto que Padre-Madre, omnipotente ciertamente, pero también ternura divina. Debe decirse que esta tercera manifestación habría sido anunciada ya por el abad medieval Joaquín de Fiore, 1135-1202, quien muy claramente la denominó “La Era del Espíritu Santo”. A su modo, el jesuita chileno Manuel Lacunza, 1731-1801, también habría anunciado las características que tendría este segundo advenimiento –“vendrá no tan de prisa, sino más despacio de lo que se piensa”-ver “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad”, Londres 1816. Por su parte, el mundo de habla germana habría tenido en el músico Jacob Lorber, 1800-1864, al anunciador de  la inminencia de estos hechos, que de acuerdo a sus escritos tendrían lugar en una nación “allende el gran océano”-ver la obra “Das Grosse Evangelium Johannes”.
[22] Y cada manifestación, complementaria, habría tenido la finalidad, no de detener o frenar el desarrollo de los espíritus sino, al contrario, la de fomentarla: “No os doy mi doctrina simplemente como un freno moral para vuestras pasiones; no, os la doy para que escaléis las mayores alturas del espíritu”. E118,89
[23]“Y los discípulos lo interrogaban: ¿por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y él respondía: Es cierto que Elías vendrá y restablecerá todo; pero verdaderamente os digo, Elías ya vino y en vez de reconocerle hicieron con él lo que han querido. Entonces los discípulos comprendieron que les hablaba de Juan el Bautista”. Mateo 17,10-13 También habría indicios muy claros de este conocimiento en Juan 9,1-2 “Y pasando Jesús vio un hombre ciego desde su nacimiento. Y preguntaronle sus discípulos: Rabí ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego?”; en el pasaje de Nicodemo “os es necesario nacer otra vez”-Juan 3,6-8; y en la escala del sueño de Jacob -Génesis 28,12- que, con acuerdo al TT, no significaría otra cosa que la visión del permanente encarnar y desencarnar de los  espíritus; esa misma visión, y comprensión, que, de acuerdo a Juan 1,51, le sería dada a todo mundo: “De aquí en adelante veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios que suben y descienden”…Y esto, por no hablar del pasaje, tan claro como sorprendente, descrito en el segundo capítulo del Libro Segundo de Los Reyes.
[24] “Él interrogaba a sus discípulos: ¿quién soy yo, según los hombres? Y ellos decían: Juan el Bautista, para otros Elías, para otros, uno de los profetas. Y él les preguntaba: y vosotros ¿quien creéis vosotros que soy?” Marcos 8,27-28
[25] De entonces data el conocido “Si alguien afirma la fabulosa preexistencia del alma y afirma la monstruosa restauración que le sigue, sea anatema” que zanjó, al parecer definitivamente, la cuestión, sobre la cual muy pocos se atreverían a volver. Ver Edicto de Justiniano contra Orígenes –seguido de 15 anatemas– impuesto en general, por la vía de la anatemización de su destinatario, al II Concilio de Constantinopla; suscrito muy a su pesar -como es sabido- y solo después de múltiples presiones por el Papa Vigilio y con no pocas resistencias, y algo tardíamente, por el grueso de la cristiandad de aquel entonces. Ver, entre otros, Ch.J. HEFELE “Histoire des Conciles, d’Après les Documents Originaux”, Letouzey et Ané Editeurs, Paris 1908.
[26] “De ese hálito de vida que vibra en toda la Creación formó Dios el alma humana. Más no confundáis el espíritu con el alma: el espíritu es esencia y el alma es sustancia. El espíritu es parte misma del Padre. El alma es el elemento sutil por medio del cual el espíritu se manifiesta en el universo material. Aun siendo tan etérea y diáfana el alma, ¿creéis que existía antes de la Creación material? No, hermanos. Es el espíritu el que ha existido desde antes de que fueran los mundos materiales y no necesita más sustancia que el amor divino del cual brotó ”. Los Protectores, Explicación 50,11-13
[27] E220,29; E195,46
[28] E53,8-9
[29] “Lo que llamáis carácter no es más que la manifestación de vuestro espíritu a través de vuestra parte humana…el carácter pertenece al espíritu y Dios lo forja y fortalece con pruebas, con lecciones; profundas unas, sencillas otras, algunas agradables al corazón, otras difíciles, pero todas provechosas, porque tienen la finalidad de forjar perfectamente vuestro espíritu”. Los Protectores, Explicación 64,14-15
[30] “Así, cada quien en su camino, todos vais encontrando a los que os han de enseñar el amor que os eleva, otros recibiréis el dolor que os purifica. Unos os harán sufrir porque así lo necesitáis, mientras otros os darán su amor para compensar vuestras amarguras, pero todos tienen un mensaje para vosotros, una enseñanza que debéis comprender y aprovechar”. E11,15-16
[31] Sin ninguna duda de error puede afirmarse lo siguiente: ningún otro de los textos conocidos sobre la materia explica con tanta claridad, profundidad y detalle lo que sería a fin de cuentas la Ley de la Reencarnación. Ya sea El Libro Tibetano, o Egipcio, de los Muertos, o cualquiera de los numerosos textos budistas sobre la materia, ni los textos esotéricos producidos en el medio espirita del siglo XIX, o en el de la teosofía; ni los del taumaturgo norteamericano Edgar Cayce, ni los textos más o menos científicos de los investigadores, igualmente americanos, Brian Weiss o Ian Stevenson.
[32] “¿Creéis que vuestro Padre haya creado moradas expresamente creadas para castigaros, para vengarse de vuestras ofensas?” E52,34 “Yo no formé la muerte ni el infierno, porque al concebir mi Espíritu la idea de la Creación sólo sentí amor y de mi seno sólo brotó vida; si la muerte y el infierno existieran, entonces tendrían que ser obras humanas, por pequeñas, y ya sabéis que nada de lo humano es eterno”. E303,42 “¿No os he explicado que el atributo más grande de Dios es el amor? ¿No creéis, entonces, que un tormento eterno sería la negación absoluta de ese atributo divino?” E164,34
[33] “De Dios no pueden brotar demonios; a estos los habéis forjado con vuestra mente. El concepto que tenéis de ese ser que a cada paso me ponéis por adversario, es falso”. E114,59 “El hombre, a través de los tiempos, ha tratado erróneamente de personificar el mal y lo ha designado con diferentes nombres, lo cual ha dado origen a mitos y cultos supersticiosos, que no están de acuerdo con la evolución espiritual que habéis alcanzado. Vosotros sabéis, por la palabra del Padre, que no existe ningún ser creado por Dios cuya misión sea la de hacer el mal”. Los Protectores, Explicación 50,15
[34] “La mayor parte de los seres espirituales turbados, lo son porque todavía no se han dado cuenta de que se hallan ya en estado espiritual, conservan la creencia de que continúan en el mundo material y persisten en querer vivir como vivieron cuando eran seres humanos. Estando en espíritu, insisten en creer que son seres humanos, porque la impresión que la carne dejó en su espíritu fue muy profunda, muy intensa, debido a que vivieron sumergidos en el materialismo, en las pasiones, en el pecado y el fanatismo. La ignorancia que tuvieron en su vida terrestre, les envolvió el espíritu y éste no tuvo fuerzas, al llegar la transición que llamáis muerte material, para despojarse de esa pesada carga, de ese pesado fardo”. Los Protectores, Explicación 26,27-29
[35] “Yo voy revelando mi sabiduría al espíritu según este se eleva; a medida que avanza y se espiritualiza, comprende más y más las revelaciones que ignoraba”. E244,27 “Todos vosotros retornaréis por el camino del trabajo, de la lucha y el dolor al Reino de la luz, desde el cual ya no tendréis necesidad de encarnar en un cuerpo humano, ni habitar en un mundo de materia, pues para entonces vuestro alcance espiritual ya os permitirá hacer sentir vuestra influencia y enviar vuestra luz de un mundo a otro”. E313,24
[36] “Humanidad: ¿Os parece imprevisto el dolor, la miseria y el caos que os envuelve en este tiempo? Si estáis sorprendidos es porque no os interesasteis por mis profecías y no os preparasteis. Todo estaba previsto y todo estaba anunciado, pero faltasteis a la fe, y ahora apuráis las consecuencias como un cáliz muy amargo” E276,41
[37] “De toda esta estructura moral y material de esta humanidad no quedará  `ni piedra sobre piedra´ porque, para que al fin sobre esta Tierra aparezca el hombre nuevo, es necesario borrar toda mancha, destruir todo pecado y dejar solamente lo que tiene buena simiente”. E289,60-61
[38] E351,66-69 Este mundo de hecho estaría apenas “a medio camino”: “Estáis al final de un mundo y al principio de otro. El planeta seguirá siendo el mismo, la naturaleza la misma, la luz la misma; pero la forma de vivir de la humanidad será otra, sus finalidades, sus luchas y sus ideales serán distintos. Habrá justicia. Habrá verdad”. E292,54
[39] “Mirad, pueblo, contemplad el cielo, miradlo bien y veréis que en cada estrella hay una promesa, un mundo que os espera, son moradas prometidas a los hijos de Dios en las que vendréis todos a habitar, porque todos conoceréis mi reino, el cual no fue hecho solo para determinados seres, fue creado como el hogar universal donde se reunirán todos los hijos del Señor”. E12,24
[40] Todo esto con la confirmación de la inminencia de las profecías ya anunciadas, o sugeridas: el debilitamiento general de iglesias y religiones; la conversión en masa del pueblo judío; y, desde luego, el cisma que por cierto tiempo dividiría al Espiritualismo Trinitario Mariano.
[41] “Venid a mí los intelectuales, cansados hasta la mente y desengañados en su corazón; venid a mí los que os habéis turbado y en vez de amar habéis odiado; yo os daré descanso, haciéndoos comprender que el espíritu obediente a mis mandatos jamás se cansa y os haré penetrar una ciencia que jamás turba la inteligencia. Yo tendré una frase para cada quien, una palabra que será como un rayo que ilumine esos corazones desilusionados por la ausencia de amor. No importa que no me creáis ni me améis”. E282,54
[42] “La enseñanza que os doy no tiene límites. Es universal e infinita. En ella encontraréis el verdadero saber de la vida espiritual y material”. E193,6
[43] Entre otras, al alemán, inglés, rumano, letón, francés y ruso.
[44] www.tercertestamento.wordpress.com, www.144000.net, www.das-dritte-testament.com, www.tercera-era.com, www.tercertestamento.org, www.drittes-testament.de y www.le-troisieme-testament.com.
[45] S. Ortiz Echániz “El Espiritualismo Trinitario Mariano: Una religión popular” INAH, México 1990 –este texto sólo estudia la fracción cismática, mayoritaria, del ETM que NO reconoce la existencia del Tercer Testamento; G.Baldomero, “Memorias sobre los hechos de Roque Rojas y algunas anécdotas sobre sus antepasados”, México 1914; y tres textos en alemán: E.Enkerlin “Die Dritte Zeit”, Reichl Verlag, St. Goar, 1962, 2001;  “Gottes Geisteswerk”, Reichl Verlag, St.Goar 1966, 1989; y W.Maier “Die Göttlichen Offenbarungen von Mexiko”, Reichl Verlag, St.Goar 1991,2002; D-56329 Alemania. (Esta misma editorial ha editado también, desde 1962 hasta la fecha, los seis primeros volúmenes del Libro de la Vida Verdadera –“Buch des wahren Lebens”).
[46] Nombre dado a las personas (igualmente hombres que mujeres, jóvenes o viejos) encargadas de impartir curación. También podían devenir portavoces.
[47] E130,12 “Yo curaba a los enfermos sin medicina alguna, hablaba a los espíritus, liberaba a los poseídos de influencias extrañas y sobrenaturales, conversaba con la naturaleza, me transfiguraba de hombre en Espíritu y de Espíritu en hombre; y cada una de estas lecciones tuvo la finalidad de enseñar el camino de evolución del espíritu”. E114,4
[48] Que, contrariamente a lo que podría imaginarse, no sería extremadamente compleja: “Ahora esta comunicación os parece imposible, pero os aseguro que cuando alcancéis la espiritualidad veréis como esta manera de comunicaros con el Padre y con el mundo espiritual, es la más simple y la más fácil de todas las que habéis practicado”. E239,91

 

 

 

 

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