TT Compendio(14)

Capítulo 63 – Enseñanzas para las congregaciones y discípulos de Cristo

La obra espiritualista de Cristo
1. Gozad con mi presencia, pueblo amado, haced fiesta en vuestro corazón, vibrad de alegría, porque al fin habéis visto llegar este día del Señor.
2. Temíais que llegara este día porque aún pensabais como los antiguos, creíais que el corazón de vuestro Padre era vengativo, que guardaba rencor por las ofensas recibidas y que por lo tanto traería preparada la hoz, el látigo y el cáliz de amargura, para ejercer una venganza sobre los que tanto y tan repetidas veces lo habían ofendido.
3. Pero grande ha sido vuestra sorpresa al comprobar que en el Espíritu de Dios no puede existir la ira, ni el furor, ni el aborrecimiento, y que si el mundo solloza y se lamenta como nunca, no se debe a que su Padre le haya dado a comer ese fruto, ni a beber de ese cáliz, sino que se debe a que es la cosecha que por sus obras va recogiendo la humanidad.
4. Ciertamente que todas las calamidades que se han desatado en este tiempo os fueron anunciadas; mas no por haberos sido anunciadas, penséis que os las trajo vuestro Señor como un castigo. Todo lo contrario, en todos los tiempos yo os he prevenido en contra del mal, en contra de las tentaciones y os he ayudado a levantar de vuestras caídas; además he puesto a vuestro alcance todos los medios que os son necesarios para que podáis salvaros; pero también debéis reconocer que siempre habéis sido sordos e incrédulos a mis llamados. (160, 40 – 41)

5. ¡Ay de los que en este tiempo no luchan por encender su lámpara, porque se perderán! He aquí que siendo este tiempo el de la luz, imperan las sombras por doquiera.
6. Vosotros sabéis por mi palabra, que escogí esta nación (México) para manifestarme en mi tercera venida; mas el por qué, lo ignoráis, ha sido un misterio para vosotros. El Maestro, que no quiere tener secretos para sus discípulos, viene a revelaros todo lo que debéis saber, para que contestéis con certeza a quienes os interroguen.
7. He visto que los moradores de este rincón de la tierra siempre me han buscado y amado, y aun cuando su culto no ha sido siempre perfecto, su intención y su amor los he recibido como una flor de inocencia, de sacrificio y de dolor. Sobre el altar de mi divinidad siempre ha estado presente esa flor llena de fragancia.
8. Fuisteis preparados para cumplir en el Tercer Tiempo esta gran misión.
9. Hoy sabéis que en vuestro seno he hecho reencarnar al pueblo de Israel, porque yo os lo he revelado. Sabéis que la simiente que alienta en vuestro ser y la luz interior que os guía es la misma que derramé desde el Primer Tiempo sobre la casa de Jacob.
10. Sois israelitas por el espíritu, poseéis espiritualmente la simiente de Abraham, de Isaac y de Jacob. Sois ramas de aquel árbol bendito que darán sombra y fruto a la humanidad.
11. He aquí porqué os nombro primogénitos y porque os he buscado en este tiempo para manifestar en vosotros mi tercera revelación al mundo.
12. Es mi voluntad que el pueblo de Israel resurja espiritualmente entre la humanidad, para que ella contemple la verdadera resurrección de la carne. (183, 33 – 35)

13. ¿Creíais acaso que yo iba a entregar mi palabra a todos los pueblos de la tierra? No; también en esto mi nueva manifestación es semejante a la de los tiempos pasados, en que habiéndome manifestado a un solo pueblo, éste tuvo la misión de levantarse a extender la buena nueva y a sembrar la simiente que en mi mensaje recibió. (185, 20)

14. Dejad que otros pueblos despierten para el nuevo tiempo al contemplar las comarcas arrasadas por las aguas, las naciones destrozadas por la guerra y la peste aniquilando vidas. Esos pueblos ensoberbecidos en sus ciencias y aletargados en el esplendor de sus religiones, no reconocerán mi palabra bajo esta humilde forma, ni sentirán mi manifestación en espíritu; por lo tanto, antes tendrá que conmoverse la Tierra, y la Naturaleza dirá a los hombres: “El tiempo es llegado y el Señor ha venido entre vosotros”.
15. Para que la humanidad despierte, abra sus ojos y acepte que yo soy quien ha llegado, antes será tocado el poder y el orgullo del hombre; mas vosotros tenéis por misión velar, orar y prepararos. (62, 53)

16. Os prometí en aquel tiempo volver a la humanidad y heme aquí para cumplir con aquella promesa aún cuando hayan pasado muchos siglos. Vuestro espíritu anhelaba mi presencia en su deseo de paz, en su hambre de verdad, en su ansia de saber, y mi Espíritu ha descendido para haceros oír una enseñanza de acuerdo con el tiempo en que vivís. ¿Cómo quieren los hombres seguir viviendo como hasta ahora lo han hecho? Ya no es tiempo de que sigan estancados espiritualmente, ni aletargados en la práctica de ritos y tradiciones. (77, 19)

17. Muchos hombres de reconocida sabiduría en el mundo no podrán reconocerme bajo esta forma y me negarán, mas no por ello os sorprendáis, ya os lo anuncié tiempo ha cuando dije: “Bendito seáis Padre, que revelasteis a los humildes tu verdad y la ocultasteis a los sabios y entendidos”.
18. Mas no es porque yo oculte mi verdad a nadie, sino más bien porque los limpios de entendimiento, en su pobreza o insignificancia, pueden sentirme mejor; mientras que los hombres de talento cuyo entendimiento está lleno de teorías, de filosofías y dogmas, no pueden comprenderme ni sentirme. Mas la verdad que es para todos, llegará a cada quien en el instante marcado. (50, 45)

19. El que conociendo mi Ley la oculta, no puede llamarse mi discípulo; el que entrega mi verdad sólo con los labios y no con el corazón, no me está imitando; aquél que habla de amor y con sus obras demuestra lo contrario, ese es traidor a mis lecciones.
20. El que se levanta desconociendo la pureza y perfección de María es torpe, porque en su ignorancia desafía a Dios negando su poder. Quien desconoce mi verdad en el Tercer Tiempo y niega la inmortalidad del espíritu, está durmiendo y no recuerda las profecías de los tiempos pasados, que anunciaron las revelaciones que en este tiempo está viviendo la humanidad. (73, 28 – 29)

21. Vendrán a probarme, queriendo demostraros que estáis en un error; si no les doy mi nombre dirán que no soy yo, y si contesto a sus mal intencionadas preguntas, con más ahínco me negarán.
22. Entonces les diré: el que quiera penetrar al reino de la Luz, tendrá que buscarlo con el corazón. Mas aquel que quiera vivir negándome, será a su propio espíritu a quien le ha negado el divino saber, haciendo que todo lo que es revelación clara y luminosa, sea para él secreto y misterio. (90, 49 – 50)

23. Ahora estoy de paso entre vosotros, como lo estuve también en aquel tiempo, ya se aproxima el instante en que deje de hablaros, y la humanidad no ha sentido mi presencia.
24. Desde este monte, desde donde os envío mi palabra y os contemplo, tendré que exclamar la víspera de mi partida. ¡Humanidad, humanidad, que no habéis sabido a quién habéis tenido con vosotros! Como en el Segundo Tiempo, cuando estando próxima mi partida, contemplaba desde un monte la ciudad y entre lágrimas exclamé. ¡Jerusalén, Jerusalén, que no sabéis el bien que habéis tenido!
25. No era el mundo por el que lloraba, era por el espíritu de la humanidad que aún se encontraba sin luz y que aún habría de llorar mucho para alcanzar la verdad. (274, 68 – 69)

26. Han pasado muchos siglos desde el día en que os di mi palabra y mis últimas recomendaciones a través de Jesús, y hoy aparezco ante vosotros como Espíritu Santo cumpliéndoos mi promesa.
27. No he venido a humanizarme, vengo en Espíritu y sólo me contemplarán los que se encuentren preparados.
28. Mientras vosotros creéis en mi palabra y me seguís, otros no aceptan mi manifestación y la niegan. He tenido que darles grandes pruebas y gracias a ellas he ido venciendo su incredulidad.
29. El amor y la paciencia que siempre os he manifestado, os hacen comprender que sólo vuestro Padre puede amaros y enseñaros en esta forma. Yo velo por vosotros y hago ligera vuestra cruz, para que no tropecéis. Os hago sentir mi paz para que caminéis llenos de confianza en mí. (32, 4)

30. Mi palabra, mi cátedra, en apariencia es hoy tan sólo para vosotros, pero en verdad ella es para todos, porque su sabiduría y amor, abarca a todo el universo, unifica a todos los mundos, a todos los espíritus encarnados o desencarnados. Acercaos si tenéis necesidad de mí; buscadme si os sentís perdidos.
31. Soy vuestro Padre que conoce vuestras penas y viene a confortaros. Vengo a infundiros el amor que tanto necesitáis para vosotros mismos y para derramarlo en vuestro derredor.
32. Si en verdad reconocéis mi presencia a través de la sabiduría que manifiesto por estos entendimientos, reconoced también que es el momento de iniciar la obra constructiva en el sendero espiritual.
33. ¡Ah si todos los que han sido llamados acudiesen, de cierto os digo que la mesa del Señor se encontraría pletórica de discípulos y todos comerían el mismo manjar! Pero no todos los invitados han llegado; han pretextado diferentes ocupaciones, relegando a segundo término lo divino
34. Bienaventurados los que presurosos han acudido, porque ellos han tenido su premio. (12, 76–80)

35. No están aquí escuchándome todos los que han recibido dones en este tiempo; ved cuántos lugares vacíos hay en la mesa. Porque muchos de mis párvulos, luego de haber recibido un beneficio se alejaron, huyendo de responsabilidades y de cargos. ¡Ah, si ellos supiesen aquí en la Tierra las promesas que cada espíritu me hizo antes de venir al mundo! (86, 43)

36. Os estoy legando el Tercer Testamento y no habéis comprendido aún los dos primeros. Si hubierais estado preparados en este tiempo, no hubiera sido necesario que mi palabra se materializara; porque hablaría espiritualmente y vosotros me responderíais con vuestro amor. (86, 49)

37. Esta es la luz del Tercer Tiempo; mas si alguien dijere que no es Dios quien os habla sino este hombre, sometedle a prueba. Que en verdad os digo: Mientras mi rayo divino no inspire su entendimiento, así le amenacéis con la muerte, de él no podréis arrancar palabras de esencia y verdad.
38. Nada extraño es que así como los espíritus se sirven de sus cuerpos para hablar y manifestarse, por un instante se desprenden de ellos para dejar que en su lugar se manifieste el Padre de todos los espíritus: Dios.
39. Vengo a vosotros ya que no sabéis llegar hasta mí, y os enseño que la oración más agradable que llega al Padre, es aquélla que en silencio se eleva de vuestro espíritu. Esa oración es la que atrae mi rayo a través del cual me escucháis. No son los cánticos ni las palabras las que halagan a mi divinidad. (59, 57 – 59)

40. No podréis decir que mi palabra no sea clara o que encierre imperfecciones, porque de mí, no podrá brotar confusión alguna. Si encontraseis en ella algún error, atribuidlo a la mala interpretación del portavoz, o a vuestra mala comprensión, mas nunca a mi doctrina. ¡Ay del portavoz que desvirtúe mi palabra! ¡Ay de aquel que transmitiere mal y profanare mi enseñanza, porque sufrirá el incesante reclamo de su conciencia y perderá la paz de su espíritu! (108, 51)

41. Para complaceros os digo que si no queréis que me sirva de materias pecadoras para entregaros mi amor, mostradme un justo, un limpio; presentadme uno que entre vosotros sepa amar y os aseguro que me serviré de él.
42. Comprended que me sirvo de pecadores, para atraer a los pecadores, porque no vengo a salvar a los justos, ésos ya están en el reino de la luz. (16, 25)

43. Observad cómo esta semilla, a pesar de que la habéis cultivado mal, no muere; mirad cómo ha ido venciendo tinieblas y encrucijadas, obstáculos y pruebas, y sigue día a día germinando y desarrollándose. ¿Por qué no muere esta semilla? Por que la verdad es inmortal, es eterna.
44. Por eso veréis que cuando esta doctrina por momento parece que va a desaparecer, será precisamente cuando surjan nuevos y fecundos brotes para ayudar a los hombres a dar un paso hacia adelante en el camino de la espiritualidad. (99, 20)

45. Analizad mis lecciones y decidme si esta doctrina podrá encerrarse dentro de una de vuestras religiones.
46. Os he revelado su carácter y su esencia universal, que no se concreta tan sólo a porciones de la humanidad o a pueblos, sino que traspasa la órbita de vuestro mundo, para abarcar el infinito con todas sus moradas en donde como en este mundo habitan hijos de Dios. (83, 6)

47. Ved como mi palabra no es ni podrá ser una nueva religión. Esta Obra es el camino luminoso en donde habrán de unirse espiritualmente todas las ideas, los credos y religiones, para llegar ante las puertas de la Tierra Prometida. (310, 39)

48. Mi enseñanza, de la cual se alimenta vuestro espíritu, tiende a transformaros en maestros, en los fieles apóstoles del Espíritu Santo. (311, 12)

49. Yo os presentaré ante la humanidad como mis servidores, como los Espiritualistas Trinitarios Marianos del Tercer Tiempo. Los Espiritualistas, porque seréis más espíritu que materia; los Trinitarios, porque habéis recibido mi manifestación en tres tiempos; Marianos porque amáis a María, vuestra Madre Universal, que es la que ha velado por vosotros para que no desmayéis en la jornada. (70, 36)

50. No sólo los que escucharon mi palabra a través del entendimiento humano serán llamados hijos de este pueblo, todo el que abrace su cruz, todo el que ame esta Ley y propague esta semilla, será llamado labriego de mi campiña, apóstol de mi Obra e hijo de este pueblo, aun cuando no me haya oído a través de esta manifestación. (94, 12)

51. ¿Cómo podéis pensar, pueblo, que por reuniros en distintos recintos, sea este el motivo de que os encontréis distanciados unos de otros? Sólo la ignorancia impedirá que os deis cuenta de los lazos espirituales que unen a todos los hijos del Señor. (191, 51)

52. Cuando visitáis uno, otros y varios recintos, cuando a través de sus portavoces escucháis la misma palabra, se llena de gozo y de fe vuestro corazón y tomáis aquella lección como una verdadera prueba de que aquellas congregaciones se encuentran unidas a través de su espiritualidad. Pero cuando llegáis a presenciar una manifestación deficiente, tenéis la sensación de que os han herido en vuestro corazón y comprendéis que allí no hay, o no se manifiesta, la unidad que debe existir en este pueblo.
53. Quiero que seáis mis buenos y humildes discípulos, aquellos que no pretendan nombramientos u honores dentro de la congregación, sino que vuestro ideal sea tan sólo el de alcanzar el perfeccionamiento por medio de la virtud y seguir mis enseñanzas para que vuestra vida sea un ejemplo. ¿De qué os podrán servir los grados, títulos o nombres si no tenéis méritos para poseerlos? (165, 17)

54. Mi obra no es una de tantas doctrinas, no es una secta más en el mundo. Esta revelación que hoy os he traído, es la Ley eterna. Sin embargo, por falta de espiritualidad y comprensión, cuántos ritos le habéis mezclado, cuántas impurezas, hasta haber llegado a deformarla. Cuántas prácticas habéis introducido en mi doctrina, diciendo y creyendo que todo lo que habéis hecho ha sido inspirado u ordenado por mí. (197, 48)

55. Vais a penetrar en el seno de una humanidad cansada de cultos externos y hastiada de su fanatismo religioso, por lo que os digo que el mensaje de espiritualidad que vais a llevarle, llegará a su corazón como fresco y vivificante rocío.
56. ¿Creéis que si llegaseis con cultos fanáticos y prácticas opuestas a la espiritualidad, podría el mundo reconoceros como portadores de un mensaje divino? En verdad os digo que os tomarían por fanáticos de una nueva secta.
57. Ante la claridad con que os vengo hablando, hay quienes me dicen: Maestro, ¿cómo es posible que desconozcamos muchas de las prácticas que Roque Rojas nos legó?
58. A lo cual yo os digo que, por eso os puse aquel ejemplo del Segundo Tiempo, cuando hice comprender al pueblo que por cumplir con ritos, formas, tradiciones y fiestas, se había olvidado de la Ley, que es lo esencial.
59. Os recuerdo ese hecho de vuestro Maestro, para que comprendáis que también ahora debéis olvidaros de tradiciones y ceremonias, aunque las hayáis aprendido de Roque Rojas, como en aquel tiempo el pueblo las había heredado de Moisés.
60. Ahora bien, no quiero deciros que ellos os hayan enseñado algo malo, no; ellos tuvieron necesidad de recurrir a símbolos y actos que ayudasen al pueblo a comprender las divinas revelaciones; pero, una vez logrado aquel objeto, ha sido necesario venir a borrar toda forma o simbolismo ya inútil, para hacer que brille la luz de la verdad. (253, 29 – 32)
61. Cuánto dolor han causado a mi corazón los siervos que no han comprendido mi Ley, y cuánto dolor están causando aquéllos que, habiéndoles preparado y entregado, hoy han dado cabida a la duda, a la incertidumbre, y han dicho por su incomprensión y egoísmo que yo he de permanecer un tiempo más entre el pueblo, que va a descender una vez más mi Rayo Universal, según su voluntad humana, y que yo me seguiré manifestando por un tiempo largo.
62. Por eso os he dicho, ¿cuándo he manifestado indecisión, incertidumbre o doble voluntad en mi palabra? Nunca, en verdad, porque dejaría de ser perfecto, dejaría de ser vuestro Dios y vuestro Creador.
63. En mí existe la decisión, la voluntad única, y por ello yo hablo con la luz del mediodía, para que todos puedan sentirme en mi presencia y en mi potencia, para que el espíritu pueda reconocer la razón y la palabra que he entregado por conducto del entendimiento humano.
64. El Maestro os dice: el hombre ha forjado casas y les ha nombrado templos y en esos lugares el pueblo que penetra hace reverencia, alimenta el fanatismo y la idolatría y adora lo que el mismo hombre ha creado. Esto es abominable ante mi mirada y por ello me ha placido alejar de vosotros, pueblo de Israel, todo cuanto conocisteis y escuchasteis en un principio para que os desfanaticéis.
65. Las casas de oración del pueblo Israelita serán conocidas por la humanidad, ellas no serán cerradas; porque albergue darán al débil y al perdido, al cansado y al enfermo. Y por vuestra preparación, por la obediencia a mi voluntad suprema y el acato a mi Ley, me daré a conocer en la obras de los verdaderos discípulos de mi divinidad.
66. No os preocupe que se levanten en el camino malos portavoces, malos guías, malos labriegos, que su labio blasfemo hable a los pueblos y diga que aún mi Verbo y mi Rayo Universal permanecerán entre el pueblo cual enseñanza.
67. Yo daré a conocer quién es el impostor, quién es el que no está cumpliendo la Ley conforme es mi voluntad, quién es aquél que solamente hace presente su libre albedrío y daré a conocer la obra que ha forjado y la ley que ha preparado, y ellos serán desconocidos y desterrados.
68. Porque yo retendré la gracia y la potestad divina, y la tentación les hará caer en sus redes y por ello todo aquél que les busque no sentirá la gracia de mi Espíritu Santo en su espíritu. (363, 52 – 56)

69. Sin pregonar que sois mi apóstol, lo seréis. Aunque seáis maestros diréis que sois discípulos.
70. No llevaréis vestidura que os distinga de los demás; no llevaréis libro en vuestras manos, no edificaréis recintos.
71. Ni tendréis en la Tierra el centro o cimiento de mi Obra, ni tendréis delante a hombre alguno que me represente.
72. Los guías que habéis tenido hasta ahora, son los últimos. La oración, la espiritualidad y la práctica de mi doctrina guiarán a las multitudes por el camino de la luz. (246, 30 – 31)

73. ¿Será justo, pregunto yo a mis discípulos, que una obra perfecta como es la que he venido a revelaros, la expongáis ante la humanidad a que sea juzgada como falsedad, o a que sea considerada como una más de las doctrinas y teorías surgidas en estos tiempos, como frutos de la confusión espiritual que reina?
74. ¿Estaría bien que vosotros, a quienes tanto he amado y preparado con mi palabra para que vuestro testimonio sea limpio, tuvieseis que caer en manos de la justicia de la Tierra, víctimas de vuestros errores, o fueseis perseguidos y diseminados por consideraros nocivos a vuestros semejantes?
75. ¿Creéis que mi doctrina bien practicada, pudiera dar lugar a estos acontecimientos? No, discípulos.
76. Dejadme que os hable así, porque yo sé por qué lo hago; mañana, cuando haya dejado de hablaros en esta forma, sabréis por qué os hablé así, y diréis: Bien sabía el Maestro de cuántas flaquezas íbamos a adolecer, nada escapa a su sabiduría. (252, 26 – 27)

77. Os estoy preparando para el tiempo en que ya no escuchéis mi palabra, porque para entonces los hombres van a nombraros el pueblo sin Dios, el pueblo sin templo. Porque no tendréis regios recintos para rendirme culto, ni celebraréis ceremonias, ni me buscaréis en imágenes.
78. Pero os dejaré un libro como testamento que será vuestro baluarte en las pruebas y será el camino por donde guiéis vuestros pasos. Estas palabras que hoy escucháis por medio del portavoz, mañana brotarán de los escritos para que os regocijéis nuevamente y sean escuchadas por las multitudes que para ese tiempo llegarán. (129, 24)

79. Estoy legando a la humanidad un nuevo libro, un nuevo Testamento: mi palabra del Tercer Tiempo. La voz divina que ha hablado al hombre al desatarse el Sexto Sello.
80. No será menester que vuestros nombres ni vuestras obras pasen a la historia. En ese libro estará mi palabra, como una voz vibrante y clara que hable eternamente al corazón humano, y mi pueblo dejará a la posteridad la huella de su paso por este camino de espiritualidad. (102, 28 – 29)

81. Los recintos donde mi palabra se ha manifestado, se han multiplicado, siendo cada uno de ellos como una escuela del verdadero saber donde se congregan las multitudes que forman mis discípulos, los cuales llegan ávidos de aprender la nueva lección.
82. Si cada una de esas congregaciones diera testimonio de todos los beneficios que de mi caridad ha recibido, no acabarían de dar testimonio de esos prodigios. Y si tuvieseis que reunir en un libro cuanto he dicho a través de todos mis portavoces, desde la primera de mis palabras hasta la última de ellas, sería una obra que no podríais llevar a cabo.
83. Mas yo he de hacer llegar a toda la humanidad, por el conducto de mi pueblo, un libro en el que esté contenida la esencia de mi palabra y el testimonio de las obras que entre vosotros realicé. No temáis acometer esta empresa, porque yo os inspiraré para que en dicho libro queden asentadas las enseñanzas que sean indispensables. (152, 39 – 41)

84. La esencia de esta palabra no ha variado jamás desde el principio de su manifestación en que os hablé por conducto de Damiana Oviedo; el sentido de mi doctrina ha sido el mismo.
85. Mas, ¿dónde está la esencia de aquellas palabras? ¿Qué se hizo de ella? Ocultos se encuentran los escritos de aquellos mensajes divinos que fueron los primeros de este tiempo, en el que tanto se ha derramado mi Verbo entre vosotros.
86. Es menester que esas lecciones salgan a la luz, para que mañana sepáis dar testimonio de cómo fue el principio de esta manifestación. Así conoceréis la fecha de mi primera lección, su contenido y el de la última que os entregue el año de 1950; año marcado para que esta etapa finalice. (127, 14 – 15)
87. Es menester que habléis a aquéllos que ocultan mi palabra y que adulteran mis enseñanzas. Habladles con toda claridad, yo seré vuestra ayuda para que os manifestéis ante ellos, porque serán los hombres que darán motivos para que el mañana sea censurada mi Obra y alterada mi Ley, porque ellos han agregado a mi Obra lo que no le pertenece. (340, 39)

88. Os traje esta palabra y os la hice oír en vuestro lenguaje, mas os doy la misión de que más tarde la traduzcáis a otras lenguas, para que sea de todos conocida.
89. De esta manera empezaréis a construir la verdadera torre de Israel, aquélla que espiritualmente unifique a todos los pueblos en uno solo, aquélla que una a todos los hombres en esa Ley divina, inmutable y eterna que conocisteis en el mundo en labios de Jesús, cuando os dijo “Amaos los unos a los otros”. (34, 59 – 60)

Israel espiritual
90. Israel llamo al pueblo a quien estoy congregando en torno a mi nueva revelación, porque nadie mejor que yo sabe qué espíritu mora en cada uno de los llamados de este Tercer Tiempo.
91. Israel tiene un significado espiritual y ese nombre os lo doy a vosotros para que tengáis presente que formáis parte del pueblo de Dios. Porque Israel no representa ningún pueblo de la Tierra, sino a un mundo de espíritus.
92. Ese nombre surgirá de nuevo en la Tierra, pero libre de equivocaciones, en su verdadera esencia que es espiritual.
93. Vosotros necesitáis conocer el origen y el sentido de ese nombre, necesitáis que vuestra fe en que sois hijos de ese pueblo sea absoluta, y necesitáis tener pleno conocimiento de quién y por qué habéis recibido esa denominación, para que podáis hacer frente a los ataques que mañana recibáis de quienes dan otro sentido al nombre de Israel. (274, 47 – 50)

94. Quiero de vosotros la obediencia, quiero que forméis un pueblo fuerte por su fe y su espiritualidad. Porque así como hice multiplicarse a las generaciones que nacieron de Jacob, a pesar de las grandes penalidades que afligieron a aquel pueblo, así haré que vosotros que lleváis en el espíritu aquella simiente, perduréis a través de vuestras luchas; para que vuestro pueblo vuelva a multiplicarse como las estrellas del firmamento y como las arenas del mar.
95. Os he hecho saber que sois espiritualmente porciones de aquel pueblo de Israel, para que tengáis más amplio conocimiento de vuestro destino. Mas también os he recomendado que no pregonéis estas profecías hasta que la humanidad por sí misma las descubra.
96. Porque existiendo aún sobre la Tierra el pueblo israelita, el judío por la carne os negará y os reclamará ese nombre, no siendo esto una razón poderosa para una contienda.
97. Ellos aún nada saben de vosotros, en cambio vosotros si sabéis mucho de ellos. Yo os he revelado que ese pueblo errante en la Tierra y sin paz en el espíritu, camina paso a paso y sin saberlo hacia el crucificado, al que reconocerá como a su Señor y ante el que implorará perdón por tanta ingratitud y tanta dureza ante su amor.
98. Mi cuerpo fue desprendido del madero, mas para éstos que me han negado a través de los siglos, permanezco enclavado, esperando el instante de su despertar y de su arrepentimiento, para darles todo lo que para ellos traje y que no quisieron recibir. (86, 11 – 13)

99. No vayáis en este tiempo a imitar al pueblo judío del Segundo Tiempo, que por ser tradicionalista, conservador y fanático, no pudo comer el pan del Reino de los Cielos que el Mesías le trajo, y a quien estaba esperando por siglos y siglos y, llegada la hora, no pudo reconocerle porque su materialidad no le dejó ver la luz de la verdad. (225, 19)

100. De lejanas comarcas y naciones veréis llegar a vuestros hermanos en busca de liberación para su espíritu. De aquella antigua Palestina, llegarán también en multitudes, como cuando cruzaron el desierto las tribus de Israel.
101. Largo y doloroso ha sido su peregrinaje desde que rechazó de su seno a Aquél que le vino a ofrecer su reino como una nueva herencia; mas ya se va acercando el oasis en donde descansará y meditará en mi palabra, para que después, fortalecido en el reconocimiento a mi ley, prosiga la ruta que le señala su evolución por tanto tiempo olvidada.
102. Entonces oiréis que muchos dirán que vuestra nación es la nueva Tierra de Promisión, la Nueva Jerusalén; mas vosotros les diréis que aquella tierra prometida se encuentra situada más allá de este mundo y que para llegar a ella habrá que hacerlo en espíritu, después de haber cruzado el gran desierto de las pruebas de este tiempo. También les diréis que esta nación es tan solo un oasis en medio del desierto.
103. Mas debéis entender, pueblo, que el oasis deberá dar sombra a los caminantes fatigados, además de ofrecer sus aguas cristalinas y frescas a los labios resecos por la sed a los que en él se refugien.
104. ¿Cuál será esa sombra y esas aguas de las que os estoy hablando? Mi doctrina, pueblo, mi divina enseñanza de caridad. ¿Y en quién he depositado este caudal de gracia y de bendiciones? En vos, pueblo, para que vayáis despojando vuestro corazón de todo egoísmo y podáis mostrarlo como un espejo limpio en cada una de vuestras obras.
105. ¿No se llenaría de gozo vuestro espíritu y corazón, si por vuestro amor se lograra convertir a la Doctrina Espiritualista Trinitaria Mariana, aquel pueblo tan apegado a sus tradiciones y espiritualmente estacionado? ¿No habría gozo entre vosotros, si el antiguo Israel se convirtiera por conducto del nuevo Israel, o sea que el primero alcanzara la gracia por el postrero?
106. Hasta ahora, nada ha convencido al pueblo judío de que debe romper antiguas tradiciones para alcanzar su evolución moral y espiritual. Es el pueblo que cree estar cumpliendo con las leyes de Jehová y de Moisés, pero que en realidad aún sigue adorando a su becerro de oro.
107. Está próximo el tiempo en que ese pueblo errante y diseminado por el mundo, deje de mirar hacia la tierra y eleve sus ojos hacia el cielo, en busca de Aquél que desde el principio les fuera prometido como su Salvador, y al cual desconoció y dio muerte porque le creyó pobre y sin bien alguno. (35, 55 – 58)

108. No toméis como una distinción el hecho de haber escogido un pueblo de la Tierra entre los demás; yo amo igual a todos mis hijos y a los pueblos que ellos han formado.
109. Cada pueblo trae una misión a la Tierra, y el destino que Israel ha traído es el de ser entre la humanidad el profeta de Dios, el faro de la fe y el camino de perfección.
110. Mis profecías y revelaciones que desde los primeros tiempos os he hecho, no tuvieron una justa interpretación porque no había llegado aún la hora en que la humanidad las comprendiese.
111. Ayer Israel era un pueblo de la Tierra, hoy, es una multitud diseminada en el mundo; mañana, el pueblo de Dios estará formado por todos los espíritus, los cuales en perfecta armonía formarán junto con su Padre la familia divina. (221, 27 – 30)

Apostolado y espiritualidad
112. Aprended a amaros, a bendeciros, a perdonaros los unos a los otros; a ser mansos y dulces, buenos y nobles. Entended que de no hacerlo así no tendréis en vuestra vida ni el más leve reflejo de las obras de Cristo, vuestro Maestro.
113. A todos hablo y os invito a destruir los errores que por tantos siglos os han detenido en vuestra evolución. (21, 22 – 23)

114. No olvidéis que vuestro origen está en mi amor. Hoy vuestro corazón se encuentra endurecido por el egoísmo, mas cuando vuelva a hacerse sensible a toda inspiración espiritual sentirá amor por sus semejantes y experimentará el dolor ajeno como si fuese propio. Entonces seréis capaces de cumplir con el precepto que os dice “Amaos los unos a los otros”. (80, 15)

115. Este mundo es campo propicio para que trabajéis; en él está el dolor, la enfermedad, el pecado en todas sus formas, el vicio, la desunión, la juventud descarriada, la ancianidad sin dignidad, las malas ciencias, el odio, la guerra y la mentira.
116. Esas son las tierras donde vais a trabajar y a sembrar; mas si os parece gigantesca esa lucha que entre la humanidad os espera, en verdad os digo que con ser grande no se compara con la que tendréis que entablar con vosotros mismos: lucha del espíritu, de la razón y la conciencia, contra las pasiones de la materia; su amor a sí misma, su egoísmo, su materialidad. Y mientras no hayáis triunfado sobre vosotros mismos, ¿cómo podréis hablar sinceramente de amor, de obediencia, de humildad y espiritualidad a vuestros hermanos? (73, 18 – 19)

117. La virtud ha sido menospreciada y tenida como algo nocivo o inútil. Ahora ha llegado el tiempo en que comprendáis que sólo la virtud os salvará, os hará sentir la paz y os llenará de satisfacciones; pero todavía ha de sufrir muchos tropiezos y vejaciones la virtud para poder penetrar en todos los corazones.
118. Los soldados que la defiendan tendrán que luchar con gran esfuerzo y fe. ¿En dónde están esos soldados del bien, de la caridad y de la paz? ¿Creéis ser vosotros?
119. Os examináis interiormente y me contestáis que no sois vosotros. En cambio yo os digo que con buena voluntad todos podéis ser de esos soldados. ¿Para qué creéis que he venido entonces entre vosotros? (64, 16)

120. Vosotros amad, hablad cuando debáis hacerlo, callad cuando sea conveniente; a nadie digáis que sois escogidos míos, huid de la adulación y no publiquéis la caridad que hagáis; trabajad en silencio, testificando con vuestras obras de amor la verdad de mi doctrina.
121. Amar es vuestro destino. Amad, porque así lavaréis vuestras manchas, tanto de vuestra vida presente como de vidas anteriores. (113, 58 – 59)

122. Rechazad la adulación, porque es arma que destruirá vuestros nobles sentimientos. Es espada que puede dar muerte a esa fe que yo he encendido en vuestro corazón.
123. ¿Cómo podréis permitir que los hombres destruyan el altar que lleváis en el fondo de vuestro ser? (106, 47 – 48)

124. No confundáis la humildad con la pobreza de indumentaria; tampoco creáis que es humilde el que llevando en sí mismo una idea de inferioridad, sea esa la causa que lo obliga a servir a los demás y a inclinarse delante de ellos. Os digo, que la verdadera humildad está en aquel que, sabiendo valorizar que es alguien y sabiendo que algún conocimiento posee, sabe descender a los demás y gusta de compartir con ellos lo que tiene.
125. Qué emoción tan grata sentís cuando miráis que un hombre notable entre los hombres, os hace una manifestación de afecto, de comprensión, de humildad. Esa misma sensación, la podéis llevar a los que sean o se sientan inferiores a vosotros.
126. Sabed descender, sabed tender la mano sin sentir superioridad; sabed ser comprensivos. Os digo que en estos casos no sólo goza el que recibe la prueba de afecto, la ayuda o el consuelo, sino también el que la da, porque sabe que sobre él, hay Uno que le ha dado pruebas de amor y de humildad y que Ese es su Dios y Señor. (101, 60 – 62)

127. Vivid con pureza, con humildad, sencillamente. Cumplid con todo lo que sea justo dentro de lo humano, así como con todo lo que se refiere a vuestro espíritu. Apartad de vuestra vida lo superfluo, lo artificioso, lo nocivo, y recreaos en cambio con todo lo que de bueno se encuentra en vuestra existencia. (131, 51)

128. Jamás veáis enemigos en nadie, ved en todos los hombres sólo hermanos, esa es vuestra misión. Si perseveráis en ella hasta el fin, triunfarán la justicia y el amor en la tierra, y ello os dará la paz y la seguridad que tanto anheláis. (123, 65)

129. Dadle libertad a vuestro corazón para que empiece a sentir el dolor de los demás, no lo tengáis sujeto ni dedicado a sentir exclusivamente lo que atañe a vuestra persona. Dejad de ser indiferentes a las pruebas por las que atraviesa la humanidad.
130. ¿Cuándo será tan grande vuestro amor que pueda abarcar a muchos semejantes, para amarlos como amáis a los que llevan vuestra sangre y son carne de vuestra carne?
131. Si supieseis que los sois más por el espíritu que por la materia, muchos no lo creerían, mas os digo que: ciertamente sois más hermanos por el espíritu que por la envoltura que lleváis, porque el espíritu pertenece a la eternidad y en cambio la materia es pasajera.
132. Pensad entonces que es una verdad que las familias aquí en la Tierra, hoy se forman y mañana se desintegran, mientras que la familia espiritual existe por siempre. (290, 39 – 41)

133. ¿Creéis vosotros, que estáis escuchando estas palabras, que yo pudiera sembrar en vuestro corazón antipatía o mala voluntad hacia vuestros hermanos que profesan diversas religiones? Jamás, discípulos. Vosotros sois los que debéis principiar a dar el ejemplo de fraternidad y armonía, viendo y amando a todos con el mismo afecto con que miráis a los que comprenden vuestra manera de pensar. (297, 49)

134. Yo sé que mientras mayor sea vuestro conocimiento, más grande será vuestro amor hacia mí. Cuando os digo: “Amadme”, ¿sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la verdad, amad la vida, amad la luz; amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera. (297, 57 – 58)

135. Sabed, discípulos, que la meta de vuestra lucha es aquel estado espiritual hasta el cual no llega el dolor, y esa meta se alcanza con méritos, con luchas, con pruebas, sacrificios y renunciaciones.
136. Observad esos casos de paciencia, de fe, de humildad y conformidad que a veces descubrís en algunos de vuestros hermanos. Son espíritus enviados por mí para que den ejemplo de virtud entre la humanidad. En apariencia el destino de esas criaturas es triste, sin embargo, ellas en su fe saben que han venido a cumplir una misión.
137. Grandes ejemplos de mis enviados y discípulos habéis recogido en vuestra historia, nombres que de memoria sabéis; pero no por ello vais a desconocer los pequeños ejemplos que palpáis en vuestro camino. (298, 30 – 32)

138. No creáis que sólo en el seno del pueblo de Israel han existido profetas, precursores y espíritus de luz. También en otros pueblos he enviado algunos de ellos, mas los hombres los tomaron como dioses y no como enviados y crearon bajo sus enseñanzas, religiones y cultos. (135, 15)

139. Ved siempre primero la viga que carguéis, discípulos, para tener derecho a fijaros en la paja que en su ojo lleva vuestro hermano.
140. Con esto quiero deciros que no tomaréis mi doctrina para juzgar los actos de vuestros hermanos dentro de sus diversas religiones.
141. De cierto os digo que en todos esos senderos existen corazones que de verdad me buscan a través de una vida noble y sembrada de sacrificios.
142. Sin embargo, el discípulo suele preguntarme con frecuencia por qué permito esa diversidad de ideas, que a veces se contradicen y que establecen diferencias y originan odios entre los hombres.
143. El Maestro os dice: Ha sido permitido en virtud de que no hay dos espíritus que tengan exactamente la misma comprensión, la misma luz, o la misma fe, y como además se os dio libre albedrío para elegir el camino, nunca habéis sido forzados a penetrar al sendero de la Ley sino que se os ha invitado, dejándoos en libertad de hacer verdaderos méritos en busca de la verdad. (297, 23 – 24)

144. Quiero que aprendáis a no ser ligeros en vuestros juicios, ni a dejaros llevar fácilmente de la primera impresión.
145. Os hago esta advertencia, para que cuando analicéis mi palabra, como cuando tengáis que juzgar sobre doctrinas, religiones, filosofías, cultos, revelaciones espirituales o científicas, reconozcáis que lo que sabéis no es lo único que existe y que la verdad que conocéis es una mínima parte de la Verdad absoluta, que se manifiesta aquí en una forma, pero que puede manifestarse en muchas otras desconocidas para vosotros. (266, 33)

146. Respetad las creencias religiosas de vuestros hermanos y cuando penetréis en sus iglesias, descubríos con sincero recogimiento, sabiendo que en todo culto estoy presente.
147. No desconozcáis al mundo por seguirme, ni os apartéis de mí pretextando que tenéis deberes con el mundo; aprended a fundir ambas leyes en una sola. (51, 53)

148. ¿No bendigo yo a la humanidad entera, sin distinguir a nadie? Ahí, bajo aquel manto de bendición quedan envueltos lo mismo los buenos y mansos, que los soberbios y los criminales. ¿Por qué no me imitáis? ¿Acaso sentís repugnancia por los actos de los demás?
149. No olvidéis que vosotros formáis parte de la humanidad, que debéis amarla y perdonarla, mas no rechazarla; porque sería tanto como si sintieseis asco por vosotros mismos. Todo lo que veis en vuestros semejantes lo tenéis vosotros en mayor o menor grado.
150. Por eso quiero que aprendáis a analizar vuestro interior, para que conozcáis vuestra faz espiritual y moral. Así sabréis juzgaros vosotros mismos y tendréis derecho a fijaros en los demás.
151. No salgáis a buscar defectos en vuestros hermanos, con los que vosotros tenéis es bastante. (286, 41 – 42)

152. ¿Creéis que estáis dando cumplimiento a mi precepto de amaros los unos a los otros, encerrando con egoísmo vuestro amor en vuestra familia? ¿Creen las religiones estar cumpliendo con aquella máxima, reconociendo sólo a sus fieles y desconociendo a los que pertenecen a otra secta?
153. Los grandes pueblos del mundo que pregonan civilización y adelanto, ¿podrán decir que espiritualmente han alcanzado progreso y han cumplido con aquella enseñanza de Jesús, cuando todo su afán es el de prepararse para la guerra fratricida?
154. ¡Ah humanidad, que nunca habéis sabido estimar el valor de mi palabra, ni habéis querido sentaros a la mesa del Señor, porque os ha parecido demasiado humilde! Sin embargo, mi mesa os sigue esperando con el pan y el vino de la vida para vuestro espíritu. (98, 50 – 51)

155. No consideréis mi Obra como una carga, ni digáis que es pesado para vuestro espíritu el cumplimiento de la hermosa misión de amar al Padre y a vuestros hermanos. La que sí es pesada es la cruz de iniquidades propias y ajenas por las que tendréis que llorar, sangrar y hasta morir. La ingratitud, la incomprensión, el egoísmo, la calumnia, serán como un fardo sobre vosotros, si les dais albergue.
156. Al hombre reacio podrá parecerle duro y pesado el cumplimiento de mi Ley, porque es perfecta y no protege la iniquidad ni la mentira; mas para el obediente, la Ley es su baluarte, su sostén, su salvación. (6, 16 – 17)

157. También os digo: los hombres deben creer en los hombres, tener fe y confianza unos en otros; porque debéis convenceros de que en la Tierra todos necesitáis de todos.
158. No creáis que me halaga cuando decís que tenéis fe en mí y sé que dudáis de todo el mundo; porque lo que yo espero de vosotros es que me améis a través del amor que prodiguéis a vuestros semejantes, perdonando a los que os ofenden, impartiendo caridad al más pobre, pequeño o débil, amando a vuestros hermanos sin distinción y poniendo en todas vuestras obras el mayor desinterés y verdad.
159. Aprended de mí que jamás he dudado de vosotros, que tengo fe en vuestra salvación y confianza en que os levantaréis para alcanzar la verdadera vida. (167, 5 – 7)

160. Amad a vuestro Padre, tened caridad de vuestros semejantes, apartaos de todo lo que sea nocivo a vuestra vida humana o a vuestro espíritu. Esto os enseña mi doctrina. ¿En dónde miráis las dificultades y los imposibles?
161. No, pueblo amado, no es imposible dar cumplimiento a mi palabra; no es ella la difícil, sino vuestra enmienda, regeneración y espiritualidad; porque carecéis de sentimientos nobles y aspiraciones elevadas. Mas como yo sé que todas vuestras dudas, ignorancias e indecisiones, tendrán que desaparecer, os seguiré enseñando, porque para mí no hay imposibles. Yo puedo convertir las piedras en pan de vida eterna y puedo hacer brotar agua cristalina de las rocas. (149, 63 – 64)

162. Vengo a recordaros la Ley, aquélla que no puede ser borrada de vuestra conciencia, ni olvidada de vuestro corazón, ni discutida, porque fue dictada por la Mente Sabia, la Mente Universal, para que cada hombre tuviese interiormente la luz que le guiase en el camino hacia Dios.
163. Es necesario tener un profundo conocimiento de la Ley para que todos los actos de la vida estén apegados a la verdad y a la justicia. No conociendo la Ley, estáis sujetos a cometer muchos errores y yo os pregunto, ¿acaso vuestra conciencia no os ha inducido a la luz del conocimiento? En verdad os digo que nunca jamás la conciencia ha permanecido inactiva o indiferente. Es vuestro corazón, es también vuestro entendimiento, quienes rechazan la luz interior, fascinados por el esplendor de la luz exterior, es decir, por el saber del mundo. (306, 13 – 14)

164. Ahora que vengo haciendo amplia explicación de mi Enseñanza, he de haceros comprender que todo lo que hagáis fuera de las leyes que rigen al espíritu o la materia, es en perjuicio de ambos.
165. La conciencia, la intuición y el conocimiento, son los guías que con vosotros irán señalándoos el camino certero y evitándoos tropiezos. Esas luces son del espíritu, pero es menester dejarlas que brillen. Cuando esa claridad se encuentre en cada uno de vosotros, exclamaréis: ¡Padre, vuestra semilla de redención germinó en mi ser y vuestra palabra floreció al fin en mi vida! (256, 37 – 38)

166. He venido a dar grandeza a vuestro espíritu, grandeza que está en el cumplimiento de mi Ley que es mi amor; mas de esta grandeza tenéis que haceros dignos, cumpliendo con vuestra misión a imitación de vuestro Maestro. (343, 29)

167. Siempre os diré: Tomad de las satisfacciones que vuestro mundo os pueda proporcionar, pero tomadlas bajo mi Ley, y seréis perfectos.
168. Oís con frecuencia el reclamo de la conciencia y es porque no habéis armonizado materia y espíritu, con la Ley dada por mí.
169. Muchas veces seguís pecando porque creéis que no tenéis perdón. Creencia ignorante, porque mi corazón es una puerta eternamente abierta para el arrepentido.
170. ¿Acaso no vive dentro de vosotros la esperanza que os anima para aguardar un mañana mejor? No os dejéis invadir por la melancolía y la desesperación, pensad en mi amor que siempre es con vosotros. Buscad en mí la respuesta a vuestras dudas y pronto os sentiréis iluminados por una nueva revelación; la luz de la fe y de la esperanza se encenderán muy dentro de vuestro espíritu. Entonces seréis baluarte de los débiles. (155, 50 – 53)

171. Vivid siempre alerta para que podáis perdonar de corazón a quienes os ofendieren; meditad de antemano que quien causa ofensa a su hermano es porque carece de luz, y yo os digo que el perdón es lo único que puede hacer luz en esos corazones. El rencor o la venganza aumentan la tiniebla y atraen el dolor. (99, 53)

172. Vuestra conciencia, que pide y espera de vosotros obras perfectas, será la que no os deje tranquilos hasta que sepáis practicar con vuestros hermanos el verdadero perdón.
173. ¿Por qué habéis de odiar a los que os ofenden, si ellos tan sólo son peldaños para que lleguéis a mí? Si perdonáis haréis méritos y cuando estéis en el reino de los cielos, veréis en la Tierra a los que os ayudaron en vuestra elevación; entonces pediréis al Padre que también ellos encuentren los medios para salvarse y llegar hasta su Señor, y vuestra intercesión les hará alcanzar esa gracia. (44, 44 – 45)

174. No os apartéis de aquellos que, en su desesperación, lleguen a blasfemar en contra vuestra; os doy para ellos una gota de mi bálsamo.
175. Preparaos a perdonar a todo el que os ofendiera en lo más querido para vosotros; de cierto os digo que cada vez que, en una de estas pruebas otorguéis el perdón sincero y verdadero, será un peldaño más que habréis escalado en el camino de vuestra elevación.
176. ¿Vais entonces a sentir rencor y a negar el perdón a aquellos que os están ayudando a acercaros a mí? ¿Vais a renunciar al deleite espiritual de imitarme, dejando que la violencia ofusque vuestro cerebro para devolver golpe por golpe?
177. En verdad os digo que esta humanidad no conoce aún la fuerza del perdón y los milagros que él obra. Cuando tenga fe en mi palabra, se convencerá de esta verdad. (111, 64 – 67)

178. Pueblo amado: Unificaos a vuestros hermanos; que cuando estéis en comunión conmigo perdonéis aún las ofensas más graves, por el amor que yo os he inspirado. ¿Cómo no habréis de perdonar a quien no sabe lo que hace? Y no lo sabe porque ignora que ese mal se lo está haciendo a sí mismo. (359, 25)

179. Perdonad tantas veces como fuereis ofendidos. No toméis cuenta siquiera del número de veces que tenéis que perdonar. Es tan alto vuestro destino que no debéis deteneros en esos tropiezos del camino, porque más adelante os esperan misiones muy grandes.
180. Llevad siempre el espíritu dispuesto al amor, a la comprensión y al bien, para que os coloquéis en planos superiores.
181. Y así como en los tiempos pasados muchos hermanos vuestros escribieron con sus obras hermosas páginas en el libro eterno del espíritu, imitándolos continuaréis esa historia, para ejemplo y deleite de nuevas generaciones que vendrán a la Tierra. (322, 52)

182. ¡Cultivad la paz, amadla y difundidla por doquiera, porque de ella cuán necesitada se encuentra la humanidad!
183. No os dejéis perturbar por las vicisitudes de la vida, para que os conservéis siempre fuertes y prestos a dar lo que poseéis.
184. Esa paz que es patrimonio de todo espíritu, ha huido en este tiempo para dar paso a la guerra y torturar naciones, destruir instituciones y anonadar a los espíritus.
185. Es que el mal se ha enseñoreado del corazón humano, el odio, la ambición insana, la codicia desenfrenada, se extienden haciendo daño; pero, cuán breve será ya su reinado.
186. Yo os anuncio para vuestra alegría y tranquilidad, que ya está próxima vuestra liberación. Que en pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, de pureza y de salud. (335, 18)
187. Haréis la caridad a lo largo de vuestra jornada, esa es vuestra misión. Muchos dones espirituales tenéis para hacer la caridad en diversas formas. Si sabéis prepararos, haréis aquello que llamáis imposible.
188. La caridad que hagáis por medio de una moneda, con ser caridad, será la menos elevada que hagáis.
189. Amor, perdón y paz, debéis llevar al corazón de vuestros hermanos.
190. No quiero más fariseos ni hipócritas amparados en mi Ley. Quiero discípulos que sientan el dolor de sus semejantes. A todos los que se levanten con arrepentimiento yo les perdonaré, no importa la secta o religión que profesen, y les haré contemplar con claridad el verdadero camino. (10, 104–107)

191. Oídme: sed humildes en el mundo y sembrad bien en él, para que recojáis sus frutos en el cielo. Si cuando hacéis mal no os agrada tener testigos, ¿por qué os agrada tenerlos cuando hacéis buenas obras? ¿De qué podéis envaneceros, si sólo habéis cumplido con vuestro deber?
192. Comprended que como sois tan pequeños y tan humanos, las alabanzas hacen daño a vuestro espíritu.
193. ¿Por qué después de que habéis hecho una buena obra esperáis inmediatamente que vuestro Padre os dé la recompensa? Quien piensa así, no obra desinteresadamente, y por lo tanto su caridad es falsa y su amor dista mucho de ser verdadero.
194. Dejad que el mundo vea que practicáis las buenas obras, mas no con el fin de recibir homenajes, sino tan sólo con el de dar buenos ejemplos y enseñanzas y dar testimonio de mi verdad. (139, 56–58)
195. Cuando vuestro espíritu se presente en el valle espiritual a rendir cuentas de su estancia y de sus obras en la Tierra, por lo que más os preguntaré será por todo aquello que halláis pedido y por lo que hayáis hecho en favor de vuestros hermanos. Entonces os acordaréis de mis palabras de este día. (36, 17)

196. En el Segundo Tiempo la humanidad me dio una cruz de madera, a cuyo martirio los hombres me sentenciaron, pero sobre mi Espíritu llevé otra más pesada y más cruenta: la de vuestras imperfecciones y la de vuestra ingratitud.
197. ¿Seríais capaces de llegar a mi presencia trayendo a cuestas una cruz de amor y sacrificio por vuestros semejantes? Ved que a eso os envié a la Tierra, por lo tanto, vuestro retorno será cuando os presentéis con vuestra misión cumplida. Esa cruz será la llave que os abra las puertas del reino prometido. (67, 17 – 18)

198. No os pido que todo lo dejéis, como se lo pedí a los que me siguieron en el Segundo Tiempo; entre los cuales el que tenía sus padres los dejó, el que tenía compañera la dejó; abandonaron su casa, su ribera, su barca y sus redes; todo lo dejaron por seguir a Jesús. Tampoco os estoy diciendo que sea necesario que derraméis vuestra sangre en este tiempo. (80, 13)

199. Comprended que tenéis que transformaros espiritual y materialmente; que muchas de vuestras costumbres y tradiciones, herencia de vuestros antepasados, tendrán que desaparecer de vuestra vida para dar paso a la espiritualidad. (63, 15)

200. No todos vais a comprender por ahora lo que significa “espiritualidad”, ni tampoco comprenderéis por qué os pido que alcancéis esa elevación. ¿Podríais ser mansos y obedientes a mis mandatos, cuando ni siquiera sabéis lo que os estoy pidiendo?
201. Pero hay quienes comprenden el ideal que está inspirando el Maestro a sus discípulos y ellos se apresurarán a obedecer sus indicaciones. (261, 38)

202. Si verdaderamente anheláis llegar a ser maestros en espiritualidad, tenéis que ser perseverantes, pacientes, estudiosos y observadores; porque entonces tendréis ocasión de ir recogiendo a vuestro paso el fruto de vuestras obras, con lo que iréis acumulando experiencia, que es luz, que es conocimiento de la vida verdadera. (172, 9)

203. Yo traigo una nueva lección por medio de la cual aprenderéis a vivir espiritualmente en la Tierra, que es la verdadera vida destinada por Dios a los hombres.
204. Ya os he dicho que espiritualidad no quiere decir misticismo, ni fanatismo religioso o prácticas sobrenaturales. Espiritualidad quiere decir armonía del espíritu y de la materia, observancia de las leyes divinas y de las humanas, sencillez y pureza en la vida, fe absoluta y profunda en el Padre, confianza y alegría de servir a Dios en vuestros semejantes, ideales de perfeccionamiento de la moral y del espíritu. (279, 65 – 66)

205. Os preguntáis el significado de los siete peldaños de la escala y de cierto os dice vuestro Maestro: El número siete significa espiritualidad; es la espiritualidad que quiero ver en mi pueblo escogido de Israel.
206. Vosotros tenéis que llegar a mí con todas vuestras virtudes y dones desarrollados. En el séptimo peldaño o etapa de vuestra evolución, llegaréis a mí y veréis que la gloria abre sus puertas para recibiros. (340, 6)

207. Por ahora comprended que mientras los hombres no logren alcanzar la completa espiritualidad, tendrán que necesitar de templos materiales, y de colocar delante de sus ojos formas o imágenes que les hagan sentir mi presencia.
208. El grado de espiritualidad o de materialismo de la humanidad podéis medirlo por la forma de su culto. El materialista me busca en las cosas de la tierra, y si no llega a verme según son sus deseos, me representa en alguna forma para creer que me tiene delante.
209. El que me concibe como Espíritu, me siente dentro, fuera de él y en todo lo que le rodea, porque él se ha convertido en mi propio templo.
210. Rendidme el culto espiritual y no seáis como aquellos que levanten templos y altares recamados de oro y pedrería, que llevan a cabo grandes peregrinaciones y se disciplinan con duras y crueles flagelaciones, con oraciones y rezos, postrados de rodillas, y no han podido aún entregarme su corazón. Yo he venido a tocaros a través de la conciencia y por eso os digo: Quien hable diciendo lo que hace y lo proclame a los cuatro vientos, no tiene mérito alguno ante el Padre Celestial. (115, 9)

211. Para cumplir con mi Ley debéis orar siempre, elevando vuestro espíritu hacia vuestro Padre.
212. He visto que para orar buscáis de preferencia la soledad y el silencio, y hacéis bien en ello cuando tratéis de buscar la inspiración por medio de la oración, o cuando queráis darme gracias; mas también os digo que debéis practicar la oración en cualquiera que sea la condición en que os encontréis, con el fin de que sepáis invocar mi ayuda en los trances más difíciles de vuestra vida, sin perder la serenidad, el dominio sobre vosotros mismos, la fe en mi presencia y la confianza en vosotros. (40, 34 – 35)

213. Contadme en silencio vuestras penas, confiadme vuestros anhelos. Aunque todo lo sé, quiero que vayáis aprendiendo a formar vuestra propia oración, hasta que lleguéis a practicar la comunicación perfecta de vuestro espíritu con el Padre. (110, 31)

214. Os habéis dado cuenta del alcance que tiene la oración, y habéis comprendido el poder tan inmenso que ésta tiene cuando la eleváis, tanto para remediar una necesidad espiritual, como para pedir la solución de una aflicción material.
215. Recordad que muchas veces os ha bastado pronunciar la palabra “Padre”, para que todo vuestro ser se estremezca y vuestro corazón se sienta invadido por el consuelo que os da su amor.
216. Sabed que cuando vuestro corazón me llama con ternura, también mi Espíritu se estremece de gozo.
217. Cuando me llamáis “Padre”, cuando ese nombre brota de vuestro ser, en el cielo se escucha vuestra voz y al arcano le arrancáis algún secreto. (166, 49 – 51)

218. Es menester que aprendáis a pedir, a esperar y a recibir y que nunca os olvidéis de dar lo que os concedo, que es lo que encierra mayor mérito. Orad por los que mueren día tras día en la guerra. Yo concederé a los que oren de limpio corazón que antes de 1950, todo aquel que haya muerto en la guerra, resucite espiritualmente a la luz. (84, 53)
219. Hoy sois párvulos y no siempre acertáis a comprender mi lección, mas por lo pronto hablad a Dios con vuestro corazón, con vuestro pensamiento, y El os responderá desde lo más interno de vuestro ser. Su mensaje, que hablará en vuestra conciencia, será una voz clara, sabia, amorosa la que poco a poco iréis encontrando y a la que más tarde os acostumbraréis. (205, 47)

220. No os asombréis ni os escandalicéis si os digo que todo el esplendor, el poder y la pompa de vuestras religiones habrán de desaparecer y que, cuando eso suceda, ya estará preparada la mesa espiritual donde vendrán a alimentarse las multitudes hambrientas de amor y de verdad.
221. Muchos hombres, al oír estas palabras, negarán que sean mías; mas entonces yo les preguntaré por qué se indignan y qué es lo que defienden. ¿Su vida? Esa yo la defiendo. ¿Mi Ley? También yo velo por ella.
222. No temáis, que nadie morirá por mi causa, sólo el mal morirá; porque el bien, la verdad y la justicia, prevalecerán eternamente. (125, 54 – 56)

223. ¿Creéis difícil que este mundo científico y materialista vuelva a sentir inclinación por la espiritualidad? Os digo que no es nada difícil, porque mi poder es infinito. La elevación, la fe, la luz y el bien, son para el espíritu una necesidad más imperiosa que lo que es para vuestro cuerpo el comer, beber y dormir.
224. Si los dones, facultades y atributos del espíritu han estado adormecidos mucho tiempo, despertarán ante mi llamado y harán que vuelva entre los hombres la espiritualidad con todos sus prodigios, porque ahora estáis más capacitados para comprenderlos. (159, 7-8)

Desarrollo
225. Así como veis desarrollarse el cuerpo del hombre, también en él se va desarrollando el espíritu; mas el cuerpo encuentra un límite a su desarrollo mientras que el espíritu requiere de muchas materias y de la eternidad para alcanzar su perfección. Esa es la causa de vuestras reencarnaciones.
226. Nacisteis de la mente paterna y materna de Dios, puros, sencillos y limpios, semejantes a una semilla; mas no os confundáis, porque no es lo mismo ser puros y sencillos a ser grandes y perfectos.
227. Podéis hacer la comparación de un niño que acaba de nacer, con un hombre de experiencia que enseña a niños.
228. Ese será vuestro destino a través de las edades, cuando vuestro espíritu esté desarrollado. Pero, ¡cuán lento avanza vuestro espíritu! (212, 57 – 60)

229. Estudiad, analizad; porque hay quienes se confunden pensando que si vuestro espíritu es partícula de mi divinidad, ¿cómo es posible que sufra? Y que si la luz del espíritu es chispa de la luz del Espíritu Santo, ¿cómo puede verse por instantes envuelto en tinieblas?
230. Reconoced que esta jornada es para hacer méritos suficientes ante Dios con los que podáis convertir vuestro espíritu, de inocente y sencillo, en gran espíritu de luz a la diestra del Padre. (231, 12)

231. Os quiero buenos y además deseo que lleguéis a ser perfectos, porque vosotros aparentemente tan pequeños, sois más grandes que los objetos materiales y los mundos; porque tenéis vida eterna, sois una chispa de mi luz.
232. Sois espíritus; es menester que reconozcáis lo que es espíritu para que podáis comprender por qué os llamo al camino de perfección. (174, 60)

233. Estáis sujetos a la Ley de evolución, he aquí el por qué de vuestras reencarnaciones. Sólo mi Espíritu no necesita evolucionar: Soy inmutable.
234. Desde el principio os he mostrado la escala por donde tienen que ascender los espíritus para llegar a mí. Hoy no sabéis en qué plano os encontráis, mas cuando dejéis vuestra envoltura conoceréis vuestro grado de evolución. No os detengáis, porque seríais un obstáculo para los que vienen detrás de vosotros.
235. A pesar de que habitáis en diferentes planos, estad unidos en espíritu y un día os encontraréis reunidos en la séptima etapa, en la más alta, gozando de mi amor. (8, 25 – 27)

236. Os he dicho que no habéis venido a la Tierra sólo una vez, sino que vuestro espíritu ha tomado tantas envolturas como ha sido necesario para su desarrollo y perfeccionamiento; ahora debo añadir que también de vosotros depende que el tiempo para llegar a la meta se acorte o se prolongue, según vuestro anhelo. (97, 61)

237. ¿Quién de vosotros podría probar que no ha existido antes de esta vida? ¿Quiénes de los que tengan absoluta certeza de estar viviendo una nueva encarnación, podrían probar que su cuenta está saldada con el Padre y que aún tienen méritos en su haber?
238. Nadie conoce el grado de perfección en que se encuentra, por lo tanto luchad, amad y perseverad hasta el fin. (46, 58 – 59)

239. Para que os diese estas nuevas revelaciones fue necesario que en el tiempo que transcurrió entre mi manifestación a la humanidad en cuanto hombre y mi llegada en espíritu en este tiempo, hubieseis pasado por muchas reencarnaciones en la Tierra; para que, cuando yo viniese a pediros la lección pasada, vuestro espíritu supiese contestar y cuando le hiciese nuevas revelaciones, las supiera comprender. (13, 52)

240. ¿Cuántas veces tendréis que volver a la tierra para llevar un cuerpo a través del que se manifieste cada vez con mayor claridad el mensaje que traéis al mundo?
241. Dejad que vuestro espíritu, cual alondra, encuentre en esta vida su primavera y goce de ella y en su peregrinaje encuentre la experiencia necesaria para volver a mí.
242. Mientras los ricos acumulan tesoros, que son demasiado efímeros, vosotros debéis acumular experiencia, verdadero saber. (142, 72)

243. Ahora en este tiempo vais a luchar contra la ignorancia de una humanidad que aunque materializada en todas sus fases, es menos cruel y se encuentra más evolucionada por la experiencia que ha alcanzado en sus encarnaciones pasadas.
244. Hoy, si sabéis de alguno que no piensa ni practica su culto como lo hacen las mayorías, si bien os extrañáis y escandalizáis, ya no clamáis porque lo quemen vivo. (14, 21 – 22)

245. ¿Teméis hablar con vuestros hermanos acerca de la reencarnación del espíritu? ¿No estáis acaso persuadidos de la amorosa justicia que ella encierra?
246. Comparad esta forma de restitución con la del eterno castigo en el fuego perenne del infierno, forma de la que se valen los hombres para amedrentar al espíritu de la humanidad. Decidme cuál de estas dos formas os da la idea de una justicia divina, perfecta y misericordiosa.
247. Una revela crueldad, rencor sin límite, venganza; la otra encierra tan sólo perdón, caridad, esperanza de alcanzar la vida eterna. Cuán grande es la deformación que han sufrido mis enseñanzas por causa de las malas interpretaciones.
248. Os preparo para la lucha porque sé que seréis combatidos por lo que vais a enseñar, pero si a vuestros hermanos que en estos instantes os combaten, la muerte les sorprendiera, y yo les preguntara al morir en pecado, qué prefieren, si el fuego eterno en el que ellos creen o la oportunidad de purificarse en una vida, de cierto os digo que manifestarían su preferencia por la segunda solución; aun cuando la hubieran combatido en su vida, cegados por el fanatismo. (120, 15 – 17)

249. Basta que sepáis, como os lo dije en mi palabra, que la reencarnación del espíritu es verdad, para que una luz se encienda en vuestro corazón y admiréis más mi amorosa justicia.
250. Comparad las teorías y diversas interpretaciones que las religiones han dado a estas enseñanzas e inclinaos por aquella que encierre mayor justicia y tenga mayor razón.
251. Mas de cierto os digo que ésta es una de las revelaciones que más conmoverá al espíritu en este tiempo, en el cual se está despertando la intuición sobre esta gran verdad. (63, 76)

252. Afirmaréis que la reencarnación del espíritu es una de las grandes verdades que la humanidad debe conocer y creer.
253. Hay quienes por intuición presienten, aceptan y creen en ello, como algo que no podía faltar en mi amorosa justicia hacia los hombres; mas también habrá muchos que os llamen blasfemos y mentirosos.
254. No temáis, lo mismo les sucedió a mis apóstoles cuando predicaban la resurrección de los muertos enseñada por Jesús; los sacerdotes y los magistrados los pusieron en la cárcel por predicar tales enseñanzas.
255. Más tarde el mundo aceptó aquella revelación, aun cuando os puedo asegurar que no llegó a comprender toda la importancia de esa enseñanza, siendo menester que viniese yo en este tiempo a enseñaros que la resurrección de la carne sólo puede referirse a la reencarnación del espíritu; ya que éste es el principio y la razón de la vida, el que en verdad es eterno. ¿Con qué fin habrían de resucitar los cuerpos muertos, cuando sólo fueron las vestiduras temporales del espíritu?
256. La carne baja a la tierra a confundirse con ella, ahí se purifica, se transforma y surge de nuevo a la vida incesantemente; mientras, el espíritu sigue elevándose, sigue encaminándose a la perfección, y cuando vuelve a la Tierra, es para él una resurrección a la vida humana y es también para su nueva envoltura una resurrección al contacto del espíritu.
257. Mas lo material no tiene naturaleza eterna y en cambio lo espiritual sí. Por lo que os digo una vez más que es a vuestro espíritu al que busco, al que enseño y al que quiero llevar conmigo. (151, 56 – 58)

258. Vuestro espíritu arrastra pesadamente una cadena formada por las vidas que os he brindado como oportunidad para perfeccionaros y que no habéis aprovechado. Mas si normáis vuestra vida dentro de mis enseñanzas, si os apegáis a mi Ley, ya no vendréis a sufrir a este mundo.
259. Si dejáis pasar el tiempo sin estudiar mi palabra, yo, que soy el tiempo, os sorprenderé. Estudiad, para que podáis ocupar en mi obra el lugar que os corresponde.
260. Quiero que cesen la incomprensión y las diferentes creencias sobre mi divinidad; comprended que todos brotasteis de un solo Dios. (181, 63 – 65)

261. Contemplad y apreciad en toda su perfección y belleza al universo. Fue creado para que en él se inspiraran los hijos del Señor y en él vieran una imagen del Padre. Si así tomáis la Creación, elevaréis vuestra mente hacia mi divinidad. (169, 44)

262. La luz de esta era viene rasgando el velo de oscuridad que envolvía al espíritu de los hombres; viene rompiendo las cadenas que lo tenían sujeto, impidiéndole llegar al verdadero camino.
263. En verdad os digo que no penséis que mi doctrina prohíbe la investigación de todas las ciencias. Yo soy quien despierta vuestro interés, vuestra admiración y vuestra curiosidad; por eso a vuestro espíritu le he dado el don del pensamiento, para que se traslade libremente a donde quiera.
264. Os he dado la luz de la inteligencia para que comprendáis lo que miréis a vuestro paso; por eso os digo: Investigad, escudriñad, mas procurad que vuestra forma de penetrar en mis arcanos sea respetuosa y humilde, porque entonces será verdaderamente lícita.
265. No os he prohibido que conozcáis los libros que los hombres han escrito, mas debéis estar preparados para que no tropecéis y os confundáis. Entonces sabréis cómo empezó el hombre su vida, y su lucha, y a dónde ha llegado.
266. Y cuando esto sea, tendréis que buscar mi fuente de enseñanzas y revelaciones, para que yo os muestre el futuro y el fin que os espera. (179, 22 – 23)

267. ¡Yo os aseguro que si os proponéis penetrar con interés y con amor al sentido de estas enseñanzas, tendréis que descubrir a cada paso verdaderas maravillas y prodigios de sabiduría espiritual, de amor perfecto y de justicia divina! Pero si miráis con indiferencia estas revelaciones, tendréis que ignorar cuanto ellas encierran.
268. No paséis delante de mi manifestación como muchos pasáis ante la vida: viendo sin mirar, oyendo sin escuchar y pensando sin entender. (333, 11 – 12)

269. No quiero que analicéis mi Espíritu ni nada de lo que pertenece a lo espiritual como si fuesen objetos materiales, no quiero que me estudiéis a la manera de los científicos; porque caerías en grandes y lamentables confusiones. (276, 17)

270. Toda mi doctrina tiene por finalidad descubrir ante vuestros ojos lo que encierra vuestro ser, porque de ese conocimiento nace la luz para encontrar el camino que lleva hacia lo eterno, hacia lo perfecto, hacia Dios. (262, 43)

Purificación y perfeccionamiento
271. Hoy me exponéis vuestros sufrimientos para que los alivie y en verdad os digo que esa es mi misión, a eso he venido, porque soy el Divino Doctor.
272. Mas antes de que mi bálsamo sea en vuestra herida, antes de que mi caricia os llegue, concentraos en vosotros mismos y examinad vuestro dolor, analizadlo, meditad profundamente todo el tiempo que sea necesario, para que de esa meditación toméis la enseñanza que esa prueba encierra, así como el conocimiento que en ella se oculta y que debéis conocer. Ese conocimiento será experiencia, será fe, será mirar de frente la verdad, será la explicación de muchas pruebas y lecciones no comprendidas por vosotros.
273. Como si el dolor fuese algo tangible, examinádlo, y en él descubriréis la hermosa semilla de la experiencia, la gran lección de vuestra existencia; porque el dolor ha venido a ser maestro en vuestra vida.
274. Quien considere el dolor como un maestro y con mansedumbre acate los llamados que le hacen para la regeneración, el arrepentimiento y la enmienda, ése conocerá después la dulzura, la paz y la salud.
275. Examinaos cuidadosamente y veréis cuánto provecho sacáis de ello. Conoceréis vuestros defectos e imperfecciones, los corregiréis y por lo tanto dejaréis de ser jueces de los demás. (8, 50 – 53)

276. Con sólo quererlo ya seréis limpios. ¿Qué mérito tendría que yo fuera quien os purificara? Que cada quien restituya sus faltas a mi Ley, eso sí tiene mérito, porque entonces sabréis evitar en lo futuro las caídas y errores, porque el dolor os lo recordará.
277. Si entre la falta cometida y sus naturales consecuencias se interpusiese un arrepentimiento sincero, el dolor no os llegará; porque entonces ya seréis fuertes para soportar con resignación la prueba.
278. El mundo apura un cáliz muy amargo y yo nunca le he castigado; mas después de su dolor vendrá a mí, que le estoy llamando. Para entonces, los que fueron ingratos sabrán dar gracias al que sólo bienes ha derramado en su existencia. (33, 30 – 31)

279. Despojaos del excesivo amor a vuestro cuerpo y tened caridad de vuestro espíritu, ayudándole a que se purifique y se eleve. Cuando lo hayáis logrado, veréis cuán fuertes seréis de espíritu y cuerpo.
280. Pensad que si el espíritu se encuentra enfermo, ¿cómo podrá haber paz en el corazón? y si en el espíritu existen remordimientos, ¿podría disfrutar de la paz? (91, 72 – 73)
281. Si esta Tierra os brindase todo cuanto deseáis, si en ella no existiesen las grandes pruebas espirituales, ¿quién de vosotros desearía llegar a mi Reino?
282. Tampoco blasfeméis o maldigáis en contra del dolor; ya que vosotros lo habéis creado con vuestras faltas. Apuradlo con paciencia y él os purificará y os ayudará a acercaros a mí.
283. ¿Veis cuán grande es vuestro arraigo hacia las grandezas y satisfacciones de este mundo? Pues llegará el instante en que sea muy ardiente en vosotros el anhelo de ausentaros de él.
284. Quien logra cumplir sus pruebas con elevación, experimenta paz en ese cumplimiento. Aquél que camina en la Tierra con la vista puesta en el cielo no tropieza, ni se lastima sus plantas con los cardos del sendero de su restitución. (48, 53 – 55)

285. Cumplid vuestro destino, no queráis retornar a mí sin antes haber recorrido el camino que os señalé; porque tendríais el dolor de contemplar manchas en vuestro espíritu, que él no alcanzó a lavar porque no llegó hasta el fin de su restitución.
286. Las reencarnaciones han pasado sobre vosotros y muchos no habéis estimado la gracia infinita y el amor que con ellas os ha concedido el Padre.
287. Mirad que mientras mayor sea el número de oportunidades, mayor será vuestra responsabilidad y si estas oportunidades no son aprovechadas, en cada una irá en aumento la restitución y la justicia; ese es el fardo cuyo peso insoportable muchos seres no se explican y sólo mi doctrina os puede revelar. (67, 46)

288. Esas pruebas en las que vive la humanidad, son el fruto que viene a cosechar, es el resultado de su propia siembra; cosecha que a veces es la consecuencia de la semilla sembrada el año anterior, y en otras ocasiones el fruto de lo que sembró años atrás, o en otras encarnaciones. (178, 2)

289. No creáis que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente, no; lo que sí os digo es que tarde o temprano tendréis que responder de vuestras obras. Que a veces llegará a pareceros que ya vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna.
290. Pero ya sabéis por mi palabra, que como juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia. (298, 48)

291. Oh espíritus que me oís, no dejéis que las vicisitudes de la vida terrestre impriman en vosotros su huella y menos que os agobien. Buscad la luz que encierra cada prueba y que ella os sirva para fortaleceros y templaros.
292. Cuando el espíritu no logra sobreponerse a la materia, ésta lo doblega y lo domina, de ahí que los espíritus se debiliten y crean que mueren junto con la carne. (89, 11 – 12)

293. ¿Habéis experimentado en vuestra vida alguna pasión material que hubiese abrasado todo vuestro ser, privándoos de escuchar la voz de la conciencia, de la moral y la razón?
294. Es cuando ha caído el espíritu más bajo, porque es entonces cuando las tentaciones y la fuerza de la bestia del mal, que habita en la carne, lo han dominado.
295. ¿Y acaso no es cierto que habéis experimentado un gozo y una paz profundas cuando lograsteis libertaros de aquella pasión y vencisteis su influencia?
296. Esa paz y esa alegría se deben al triunfo del espíritu sobre la materia, triunfo logrado a costa de una inmensa lucha, de una cruenta batalla interior; mas bastó que el espíritu cobrase fuerza y se irguiese, inducido y aconsejado por la conciencia, para que al sujetar los impulsos de la carne se librase de seguir dejándose arrastrar hacia el abismo.
297. Ahí en esa lucha, en esa renunciación, en esa batalla en contra de vosotros mismos, visteis morir algo que habitaba en vuestro interior, sin que fuese vuestra vida; era tan sólo una insana pasión. (186, 18 – 19)
298. Ved que el enemigo más poderoso lo lleváis en vosotros mismos. Cuando lo hayáis vencido, veréis bajo vuestros pies al dragón de siete cabezas del que os habló el apóstol Juan. Entonces será cuando en verdad podáis decir: Puedo levantar mi faz hacia mi Señor para decirle: “Señor, os seguiré”, porque entonces no serán los labios los que lo digan, sino el espíritu. (73, 20)

299. Pronto os daréis cuenta de que la vida no es cruel con vosotros los hombres, sino vosotros los crueles con vosotros mismos. Sufrís y hacéis sufrir a quienes os rodean, por falta de comprensión. Os sentís solos, miráis que nadie os ama y os volvéis egoístas y duros de corazón. (272, 34)

300. Comprended que todas las penalidades de esta vida que vivís son consecuencias de las faltas humanas porque yo, que os amo, no podría ofreceros un cáliz tan amargo.
301. Os he revelado desde los primeros tiempos la Ley como un camino donde podéis preservaros de las caídas, del abismo y de la muerte. (215, 65)

302. Hoy no acertáis a comprender el significado de vuestras pruebas, las juzgáis innecesarias, injustas e insensatas; mas yo os diré cuánta justicia y precisión hubo en cada una de ellas, cuando lleguéis a la ancianidad, y a otros cuando hayáis transpuesto los umbrales de este mundo y os encontréis habitando las regiones espirituales. (301, 44)

303. Vuelvo a deciros que yo capto todo pensamiento y plegaria, en cambio el mundo no sabe recibir mi inspiración ni se ha preparado para dejar brillar en su mente mis divinos pensamientos ni oye mi voz cuando contesto a su llamado.
304. Pero yo tengo fe en vosotros, creo en vosotros, porque os he formado y os he dotado de un espíritu que es un destello del mío, y de una conciencia que es imagen mía.
305. Si os dijera que no espero que lleguéis a perfeccionaros, sería tanto como si declarase haber fracasado en la obra más grande que de mi voluntad divina ha brotado, y eso no puede ser.
306. Sé que estáis en el tiempo en el que vuestro espíritu saldrá victorioso de todas las tentaciones que ha encontrado a su paso, después de lo cual surgirá pleno de luz a una nueva existencia. (238, 52 – 54)

Aquí y allende lo terrenal
307. Preparaos, no esperéis que la muerte os sorprenda sin preparación. ¿Qué habéis preparado para cuando volváis a la vida espiritual? ¿Queréis ser sorprendidos cuando aún estéis atados con cadenas a la materia, a las pasiones, a las posesiones terrestres? ¿Queréis penetrar con los ojos cerrados en el más allá sin encontrar el camino, llevando impreso en el espíritu el cansancio de esta vida? Preparaos discípulos y entonces no temeréis la llegada de la muerte del cuerpo.
308. No suspiréis por tener que dejar este valle, porque si reconocéis que en él existen maravillas y grandezas, en verdad os digo que ellas son sólo una imagen de las bellezas de la vida espiritual.
309. Si no despertáis, ¿qué vais a hacer cuando os encontréis en el principio de un nuevo sendero, iluminado por una luz que os parezca desconocida?
310. Partid de este mundo sin lágrimas, sin dejar dolor en el corazón de los vuestros. Desprendeos cuando el instante sea llegado, dejando en la faz de vuestro cuerpo una sonrisa de paz que hable de la liberación de vuestro espíritu.
311. La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros padres, hermanos o hijos.
312. Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los sentimientos; en una palabra, para el espíritu. (70, 14 – 18)

313. Trabajad con gran ahínco para que, al llegar la muerte, y cerrar los ojos de vuestro cuerpo para esta vida, vuestro espíritu sienta elevarse por sí mismo hasta llegar a la morada que por sus méritos haya alcanzado.
314. Los discípulos de esta obra contemplarán en el trance de la muerte corporal, cuán fácilmente se rompen los lazos que unen el espíritu a la materia; en ella no habrá dolor por tener que dejar las satisfacciones de la tierra; su espíritu no vagará como sombra entre los hombres, llamando de puerta en puerta, de corazón en corazón en busca de luz, de caridad, de paz. (133, 61 – 62)

315. Elevad vuestro espíritu para que gustéis sólo de lo eterno, de lo bello y de lo bueno; si así no fuese, vuestro espíritu materializado por la vida que llevasteis, sufrirá mucho para desprenderse de su cuerpo y de todo cuanto deja y tendrá que vagar por un tiempo en los espacios envuelto en confusión y amargura hasta que alcance su purificación.
316. Vivid en mi Ley y no tendréis que temer a la muerte; mas no la llaméis ni la deseéis antes de tiempo, dejadla llegar que ella siempre es obediente a mis mandatos; procurad que os encuentre preparados y así penetraréis en la mansión espiritual como hijos de la luz. (56, 43 – 44)

317. Vivid en paz en vuestros hogares, haced en ellos un santuario, para que cuando penetren los seres invisibles, que turbados vengan en el valle espiritual, que encuentren en vuestro ser la luz y la paz que buscan y que se eleven al más allá. (41, 50)

318. A los que vivís en espíritu y aún estáis apegados a los ideales materiales, os digo: Alejaos de lo que ya no os pertenece, porque si la Tierra no es morada eterna para el hombre, menos lo es para el espíritu. Más allá, en el valle espiritual, os espera una vida llena de luz a la cual llegaréis paso a paso, por el sendero del bien.
319. A quienes me escuchan como humanos les digo que, mientras posean ese cuerpo que les acompaña en su tránsito terrestre, deben cuidarlo y conservarlo hasta el último instante, porque él es el báculo en que el espíritu se apoya y el instrumento para luchar; a través de sus ojos materiales se asoma el espíritu a esta vida y a través de su boca habla y puede dar consuelo a sus hermanos. (57, 3)

320. Ahora el Maestro os pregunta: ¿En dónde están vuestros muertos y por qué lloráis la desaparición de los seres que amáis? En verdad os digo que delante de mí, ninguno ha muerto, porque a todos les he dado vida eterna. Todos viven, aquellos que creíais perdidos, son conmigo. Ahí donde creéis contemplar la muerte, está la vida; donde miráis el fin, está el principio. Donde creéis que todo es misterio e insondable arcano, está la luz, con claridad de interminable aurora. Donde creéis que está la nada, está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto. (164, 6)

321. Cada vez que la muerte siega la existencia de vuestra envoltura, es como una tregua para el espíritu, el cual, al reencarnar, surge con nuevas fuerzas y mayor luz, para continuar estudiando aquella divina lección que no había concluido. Así madura a través de las eras el trigo que es vuestro espíritu.
322. Mucho os he revelado acerca de la vida espiritual, mas os digo que no es menester por ahora que lo sepáis todo, sino sólo lo que sea esencial para vuestra llegada a la morada eterna. Allá os diré todo lo que está destinado a vuestro conocimiento. (99, 32)

323. ¿Imagináis el gozo del que retorna a la vida espiritual habiendo cumplido en la Tierra con el destino que su Padre le ha trazado? Su satisfacción y su paz son infinitamente mayores a todas las satisfacciones que en la vida humana puede recoger el espíritu.
324. Y esta oportunidad os la estoy ofreciendo para que seáis de los que gocen cuando retornéis a vuestro reino y no de aquellos que sufren y lloren en medio de su turbación o de su arrepentimiento. (93, 31 – 32)

325. Ya está próximo el final de esta manifestación, para iniciarla en una forma más elevada; estableciendo la comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Creador, que es la que usan los espíritus más elevados que habitan cerca de mí. (157, 33)

326. Cuando os hablo de mi mundo espiritual, me estoy refiriendo a aquellas huestes de seres obedientes como verdaderos siervos, los cuales sólo hacen lo que la voluntad de su Señor les ordena.
327. Esos son a los que he enviado entre vosotros, para que sean los consejeros, los guardianes, los doctores y verdaderos hermanos entre todos los hombres. No vienen a llorar porque llevan en sí la paz; no vienen a hacer preguntas, porque la luz de su evolución y su experiencia en las largas jornadas, les ha dado el derecho de poder hacer la luz en el entendimiento del hombre. Son oportunos en su ayuda, solícitos y humildes a cualquier llamado o necesidad.
328. Yo soy quien les ha mandado manifestarse entre vosotros para que os den su lección, su testimonio y su estímulo. Van caminando delante de vosotros para que encontréis limpio el sendero y prestaros su ayuda para que no vayáis a desfallecer.
329. Mañana también vosotros formaréis parte de ese ejército de luz, que en el mundo infinito de los espíritus viene trabajando tan sólo por el amor a sus hermanos, sabiendo que con ello glorifican y aman a su Padre.
330. Si queréis asemejaros a ellos, consagrad vuestra existencia al bien. Compartid vuestra paz y vuestro pan, recibid con amor al necesitado, id a visitar al enfermo y al cautivo. Haced luz en el camino de vuestros hermanos que van a tientas en busca de la verdadera senda. Llenad de pensamientos nobles el infinito, orad por los ausentes y la oración os aproximará a ellos.
331. Y cuando la muerte detenga los latidos de vuestro corazón y se apague la luz en vuestras pupilas, iréis a despertar a un mundo maravilloso por su armonía, por su orden y su justicia. Ahí comenzaréis a comprender que la caridad de Dios es la que puede compensaros de todas vuestras obras, pruebas y sufrimientos.
332. Cuando un espíritu llega a aquella morada comienza a sentirse invadido por una paz infinita, vuelve al instante su recuerdo a los que aún viven lejos de aquella beatitud, y en su afán, en su anhelo de que aquellos a quienes ama lleguen a poseer aquel don divino, se suma a las huestes espirituales que luchan y trabajan por la salvación, por el bienestar y la paz de sus hermanos. (170, 43 – 48)

333. ¿Quién ha imaginado las batallas que esas legiones de luz sostienen contra las invasiones de seres turbados que os amenazan a cada paso? No hay mirada humana que haya descubierto esa lucha que sin cesar libran unos y otros, sin que os apercibáis de ello. (334, 77)

334. He aquí la continuación de mi Obra, mi venida en el Tercer Tiempo como Espíritu de Consolación, rodeado de mis grandes ejércitos de ángeles, como estaba escrito.
335. Esos espíritus seguidores míos forman parte de ese consuelo que yo os había prometido, y ya habéis tenido pruebas de su caridad y de su paz en sus sanos consejos y ejemplos de virtud. A través de ellos os he concedo beneficios, y han sido intermediarios entre vosotros y mi Espíritu.
336. Cuando habéis percibido la gracia y dones de que están revestidos, y su humildad, os habéis sentido inspirados a hacer obras tan puras como las que ellos han realizado en vuestra vida. Cuando han penetrado en vuestro hogar, os habéis sentido honrados con su presencia espiritual.
337. Benditos seáis si habéis reconocido su elevación, pero el Maestro os dice: ¿Creéis que ellos siempre han sido seres virtuosos? ¿No sabéis que un gran número ha habitado la Tierra y ha sabido de la debilidad y de las grandes faltas?
338. Y miradlos ahora, no conservan mancha alguna; pero es que oyeron la voz de la conciencia, despertaron para el amor y se arrepintieron de sus pasadas faltas, y en ese crisol se han purificado para elevarse dignos y hoy me sirven, sirviendo a la humanidad.
339. Su espíritu se ha impuesto, por amor, la tarea de ayudar a sus semejantes para restituir todo aquello que no hicieron cuando habitaron la Tierra, y han aceptado como un regalo divino la oportunidad de venir a sembrar la semilla que no sembraron y a destruir toda obra imperfecta que hubiesen hecho.
340. Por eso miráis ahora con sorpresa su humildad, su paciencia y su mansedumbre, y en ocasiones les habéis visto padecer por su restitución; pero su amor y su reconocimiento, que es mayor que los obstáculos que se les presentan, lo vencen todo y están dispuestos a llegar hasta el sacrificio. (354, 14 – 15)

341. ¿Por ventura presentís la morada espiritual de donde partisteis para venir a la Tierra? No Maestro, me decís; nada presentimos ni recordamos.
342. Si, pueblo, hace tanto tiempo que os alejasteis de la pureza y de la inocencia, que ni siquiera imagináis aquella existencia de paz, aquel estado de bienestar.
343. Mas ahora que estáis preparados para oír la voz de la conciencia y recibir de ellas sus revelaciones, tenéis a vuestro alcance el camino que conduce al Reino prometido a los que se elevan a mí.
344. No es aquel paraíso de paz de donde partieron los primeros, sino el mundo infinito del espíritu, el mundo de la sabiduría, el paraíso de la verdadera dicha espiritual, el cielo del amor y la perfección. (287, 14 – 15)

Revelaciones de lo divino
345. El Padre de todos los seres os habla en este instante; el amor que os creó se deja sentir en todo aquel que oye esta palabra. (102, 17)

346. Os habla el único Dios que existe, al que llamasteis Jehová cuando os mostró su fuerza y os reveló la Ley en el monte Sinaí; al que llamasteis Jesús, porque en El estuvo mi Verbo, y al que hoy llamáis Espíritu Santo, porque soy el Espíritu de la Verdad. (51, 63)

347. Cuando os hablo como Padre, es el libro de la Ley el que se abre ante vosotros. Cuando os hablo como Maestro, es el libro del Amor el que muestro a mis discípulos. Cuando os hablo como Espíritu Santo, es el libro de la Sabiduría que os ilumina con sus enseñanzas y que forma una sola doctrina, porque proviene de un solo Dios. (141, 19)

348. Dios es luz, amor, justicia; todo el que manifieste en su vida estos atributos, estará representando y honrando a su Señor. (290, 1)

349. No digáis que soy el Dios de la pobreza o de la tristeza, tomando en cuenta que a Jesús siempre le siguieron multitudes de enfermos y afligidos. Yo busco a los enfermos, a los tristes y a los pobres, pero es para llenarlos de alegría, de salud y esperanza; porque yo soy el Dios de la alegría, de la vida, de la paz y la luz. (113, 60)

350. Sí, pueblo: Yo soy el principio y el fin de vosotros, yo soy el alfa y la omega, aunque todavía no os diga o revele todas las enseñanzas que aún tengo reservadas para vuestro espíritu; las cuales sabréis cuando estéis muy lejos de este mundo.
351. Muchas lecciones nuevas os revelaré ahora y os iré dando aquello que seáis capaces de poseer, sin engrandeceros, ni levantaros ante la humanidad con alarde de superioridad. Ya sabéis que quien se envanece de sus obras, con su misma vanidad las destruye, por eso os he enseñado a trabajar en silencio para que vuestras obras den fruto de amor. (106, 46)

352. Aún os falta comprender muchas de las revelaciones que están destinadas a formar parte de vuestro saber y han supuesto los hombres que su conocimiento pertenece tan sólo a Dios. Cuando alguien llega a expresar su deseo de interpretarlas o intenta penetrar en ellas, al instante es llamado blasfemo o juzgado temerario. (165, 10)

353. Mucho tenéis que aprender para haceros sensibles a mis inspiraciones y a mis llamados. ¡Cuántas veces percibís las vibraciones de lo espiritual sin acertar a comprender quién os llama! Es tan confuso para vosotros aquel lenguaje, que no acertáis a entender y termináis atribuyendo las manifestaciones espirituales a alucinaciones o a causas materiales. (249, 24)

354. Sentidme muy cerca de vosotros, pruebas de ello os doy en los instantes difíciles de vuestra vida. He querido que hagáis de vuestro corazón mi morada, para que en ella sintáis mi presencia.
355. ¿Cómo es que estando yo en vosotros, no sabéis sentirme? Unos me buscan en la Naturaleza, otros sólo me sienten más allá de todo lo material, mas de cierto os digo que en todo y en todas partes estoy. ¿Por qué habéis de buscarme siempre fuera de vosotros, cuando también en vuestro ser me encuentro? (1, 47 – 48)

356. Aunque no existiesen religiones en el mundo, os bastaría concentraros en el fondo de vuestro ser para encontrar mi presencia en vuestro templo interior.
357. También os digo que bastaría observar cuanto la vida os ofrece, para que encontraseis en ella el libro del saber, que a cada paso os muestra sus más bellas páginas y sus más profundas lecciones.
358. Comprenderéis entonces que no es justo que el mundo se extravíe cuando lleva en su corazón el camino, ni que se confunda entre las tinieblas de la ignorancia habitando entre tanta luz. (131, 31 – 32)
359. Hoy mi lengua universal se hace oír en todos para decirles que aunque yo estoy en cada uno de vosotros, nadie debe decir que Dios está dentro del hombre, porque son los seres y todo lo creado lo que se encuentra dentro.
360. Yo soy el Señor, vosotros sus criaturas. No quiero llamaros siervos sino hijos, mas reconoced que yo soy antes. Amad mi voluntad y respetad mi Ley, sabiendo que en lo dispuesto por mí no cabe la imperfección ni el error. (136, 71 – 72)
361. Os formé para amaros y sentirme amado. Vosotros necesitáis de mí como yo necesito de vosotros. No dice la verdad quien afirme que no me hacéis falta, si así fuera, no os hubiese creado ni me hubiese hecho hombre para rescataros con aquel sacrificio que fue una gran prueba de amor; os hubiese dejado perder.
362. Mas debéis reconocer que si os alimentáis de mi amor, justo es que ofrezcáis lo mismo a vuestro Padre, porque os sigo diciendo: “Sed tengo, sed de vuestro amor”. (146, 3)

363. ¿Cómo podéis pensar que ame menos al que más sufre? ¿Cómo podéis tomar vuestro dolor como una señal de que no os amo? Sabed que precisamente por amor a vosotros he venido. ¿No os he dicho que el justo está a salvo y que el sano no necesita del médico? Si vosotros os sentís enfermos y en vuestro examen a la luz de vuestra conciencia os juzgáis pecadores, tened la certeza de que es a vosotros a quienes he venido a buscar.
364. Si creéis que Dios ha llorado alguna vez, de cierto que no habrá sido por los que están disfrutando de su gloria, sino por los que van perdidos o llorando. (100, 50 – 51)

365. Mi mansión está preparada para vosotros; cuando a ella lleguéis la disfrutaréis en verdad. ¿Cómo podrá un padre vivir en un regio aposento, saboreando manjares deliciosos, sabiendo que sus propios hijos están como pordioseros a las puertas de su propia casa? (73, 37)

366. Conoced la Ley, amad el bien, practicad el amor y la caridad, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse hacia su morada y me estaréis amando.
367. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto deberéis hacer y de lo que debéis ser para llegar a mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, buscadme a través de Él, venid a mí por su divina huella.
368. Mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o formas la práctica de sus enseñanzas, porque os eternizaríais en vuestras diferencias, en vuestra enemistad y en vuestro fanatismo.
369. Amadme en Cristo, pero en su espíritu, en su doctrina y estaréis cumpliendo con la Ley eterna; porque en Cristo está resumida la justicia, el amor y la sabiduría con que he manifestado a la humanidad la existencia y la omnipotencia de mi Espíritu. (1, 71 – 72)

El ser humano y su destino
370. Mucho tiempo ha que no estáis conmigo, que ignoráis lo que en realidad sois; porque habéis dejado que duerman en vuestro ser muchos atributos, potencias y dones que en vosotros depositó vuestro Creador. Dormís para el espíritu y la conciencia, y precisamente en esos atributos espirituales radica la verdadera grandeza del hombre. Imitáis a los seres que son de este mundo porque en él nacen y en él mueren. (85, 57)

371. A vosotros, oh discípulos amados, el Maestro os pregunta: ¿Qué es vuestro en este mundo? Todo lo que poseéis, el Padre os lo ha dado para que de ello os sirváis en vuestro tránsito por la Tierra, mientras late vuestro corazón. Vuestro espíritu procede de mi divinidad, es un hálito del Padre celestial, es encarnación de un átomo de mi Espíritu, vuestro cuerpo ha sido formado también dentro de mis leyes y os lo confío como instrumento de vuestro espíritu; nada es vuestro, hijos muy amados. Todo lo creado es del Padre y de ello os ha hecho poseedores temporalmente. Recordad que vuestra vida material es tan sólo un paso en la eternidad, es un rayo de luz en el infinito y por ello debéis atender lo que es eterno, lo que nunca muere y eso es el espíritu. (147,8)
373. Sea el espíritu el que guíe a la mente y no la mente, tan sólo guiada por un corazón ambicioso de grandeza humana, la que gobierne vuestra vida.
374. Pensad que si queréis guiaros por lo que ordene vuestro cerebro, lo agotaréis y no podréis ir más allá de donde sus escasas fuerzas se lo permitan.
375. Yo os digo que si anheláis saber por qué os habéis sentido inspirados a hacer el bien y que vuestro corazón y vuestro entendimiento sean guiados por el espíritu, quedaréis maravillados ante el poder de vuestro Padre. (286, 7)

376. Lo justo es que el espíritu revele la sabiduría a la mente humana y no que la mente sea la que dé luz al espíritu.
377. Muchos no entenderán esto que os digo, debido a que ha mucho tiempo que habéis alterado el orden de vuestra vida. (295, 48)

378. Sabed, discípulos, que la espiritualidad permite a la conciencia manifestarse con mayor claridad, y quien sepa escuchar esa sabia voz, no se dejará engañar.
379. Intimad con la conciencia, es la voz amiga a través de la cual asoma el Señor su luz; ya como Padre, ya como Maestro, ya como Juez. (293, 73 – 74)

380. Sed incansables repasando mi palabra; ella, como un cincel invisible, se encargará de pulir las asperezas de vuestro carácter hasta dejaros preparados para tratar los problemas más delicados de vuestros hermanos.
381. En ellos encontraréis penas, expiaciones y restituciones, cuyas causas pueden ser muy diversas. Algunas no tendrán un origen muy difícil de comprender, en cambio, habrá otras que solamente con la intuición, con la revelación y con la videncia podréis descubrir, para librar de un pesado fardo a vuestros hermanos.
382. Estos dones sólo harán esos prodigios cuando el que los ponga en práctica se haya inspirado en la caridad hacia sus semejantes. (149, 88)

383. ¿A qué llaman los hombres sobrenatural, si todo en mí y en mi obra es natural? ¿No serán más bien las obras malas e imperfectas de los hombres las sobrenaturales, ya que lo natural sería que siempre obrasen bien, procediendo de quien proceden y poseyendo los atributos que en sí llevan? En mí todo tiene explicación sencilla o profunda, nada hay a obscuras.
384. Llamáis sobrenatural a todo aquello que desconocéis o que miráis envuelto en misterio, pero que, cuando vuestro espíritu conquiste con méritos su elevación y contemple y descubra lo que antes no podía ver, encontrará que todo en la creación es natural.
385. Si unos siglos atrás se hubiera anunciado a la humanidad los adelantos y descubrimientos que en estos tiempos lograría el hombre, hasta los científicos habrían dudado y hubieran considerado como sobrenatural tales maravillas. Ahora que habéis evolucionado siguiendo paso a paso los adelantos de la ciencia humana, aunque os maravilláis con ello, los contempláis como obras naturales. (198, 11 – 12)

386. Debo deciros que no creáis que le sea indispensable al espíritu el cuerpo humano y la vida en el mundo para poder evolucionar; pero sí le son de gran utilidad para su perfeccionamiento las lecciones que en este mundo recibe.
387. La materia ayuda al espíritu en su evolución, en sus experiencias, en su expiación y en sus luchas; ésta es la misión que le corresponde y lo podéis comprobar con esta manifestación de mi divinidad a través del hombre de cuyo cerebro vengo a servirme, utilizándole como aparato para transmitiros mi mensaje. Comprended que no sólo el espíritu está destinado a lo espiritual sino que aun lo más pequeño dentro de lo material ha sido creado para fines espirituales.
388. Un recuerdo y un llamado he venido a hacer a vuestro espíritu para que él, sobreponiéndose a la influencia de lo material que ha llegado a dominarle, haga llegar su luz al corazón y al entendimiento empleando el don de la intuición.
389. Esta luz significa para vuestro espíritu el camino de su liberación. Esta doctrina viene a ofrecerle los medios para elevarse por sobre la vida humana y ser guía de todas sus obras, señor sobre sus sentimientos y no esclavo de bajas pasiones, ni víctima de flaquezas y miserias. (78, 12 – 15)

390. ¿Quién que no sea yo, será capaz de reinar en los espíritus y regir su destino? Nadie. Es por eso que quien ha intentado usurpar el lugar de su Señor queriendo reinar, crea para sí un reino de acuerdo con sus inclinaciones, caprichos, ambiciones y vanidades; reino de materia, de bajas pasiones e innobles sentimientos.
391. A la conciencia no podéis imponeros, porque en ella está la justicia perfecta. En los espíritus sólo la pureza tiene poder sobre las fibras nobles, sólo el bien las conmueve; en una palabra, el espíritu sólo se alimenta con la verdad y el bien. (184, 49 – 50)

392. Si yo he formado todo lo creado de la tierra para recreo del hombre, tomadlo siempre en beneficio vuestro. No olvidéis que existe en vosotros una voz que os indica los límites dentro de los cuales podréis tomar cuanto os ofrece la Naturaleza, y es esa voz interior a la que debéis obedecer.
393. Así como procuráis para vuestro cuerpo un hogar, abrigo, sustento y satisfacciones, para hacer más agradable su existencia, así debéis conceder al espíritu lo que le es necesario para su bienestar y progreso.
394. Si él se siente atraído hacia regiones superiores en donde encuentra su verdadera morada, dejadlo elevarse, no lo aprisionéis, porque él me busca para alimentarse y fortalecerse. Yo os digo que cada vez que le permitáis liberarse así, él retornará dichoso a su envoltura. (125, 30)

395. El espíritu quiere vivir, busca su inmortalidad, quiere lavarse y purificarse, tiene hambre de saber y sed de amor. Dejadle pensar, sentir y trabajar; concededle que tome una parte del tiempo de que disponéis, para que ahí se manifieste y se recree en la libertad.
396. De todo lo que sois aquí en el mundo, sólo quedará después de esta vida vuestro espíritu. Dejadle que él acumule y atesore virtudes y méritos, para que llegada la hora de su liberación, no sea un menesteroso ante las puertas de la “Tierra Prometida”. (111, 74 – 75)

397. No quiero más restitución ni dolores para vosotros, quiero que así como las estrellas embellecen el firmamento, los espíritus de todos mis hijos vengan con su luz a iluminar mi Reino y a llenar de alegría el corazón de vuestro Padre. (171, 67)

398. Mi palabra vendrá a reconciliar al espíritu con la materia, ya que ha tiempo existe enemistad entre uno y otra; para que sepáis que vuestro cuerpo que habéis considerado un obstáculo y una tentación para el tránsito del espíritu, puede ser el mejor instrumento de vuestro cumplimiento en la tierra. (138, 51)

399. Procurad que exista armonía entre el espíritu y la envoltura, para que cumpláis con facilidad mis instrucciones; doblegad la materia con amor, usad la energía si es necesario, cuidad de que no os ciegue el fanatismo, para que no obréis con crueldad en ella. Haced de vuestro ser una sola voluntad. (57, 65)

400. No sólo os digo que purifiquéis vuestro espíritu, sino también que fortalezcáis a vuestra materia, para que las nuevas generaciones que de vosotros broten, sean saludables y sus espíritus puedan cumplir su delicada misión. (51, 59)

401. Quiero que forméis hogares creyentes del Dios único, hogares que sean templos en donde se practique el amor, la paciencia y la abnegación.
402. En ellos debéis ser maestros de los niños, a quienes debéis rodear de ternura y comprensión, velando por ellos, siguiendo con interés todos sus pasos.
403. Prodigad vuestro amor lo mismo al que ha sido dotado de hermosura, como a los que aparentemente presentan fealdad. No siempre un rostro bello es el reflejo de un espíritu igualmente hermoso; en cambio, detrás de esas criaturas de aparente fealdad puede esconderse un espíritu lleno de virtud a quien vosotros debéis apreciar. (142, 73)

404. Pensad seriamente en las generaciones que tras de vosotros vienen, pensad en vuestros hijos, a los que, así como les habéis dado el ser material, también tenéis el deber de darles vida espiritual, aquélla que es fe, virtud y espiritualidad. (138, 61)

405. Velad por la virtud de vuestra familia y por la paz de vuestro hogar. Mirad cómo hasta los más pobres pueden ser dueños de este tesoro.
406. Reconoced que la familia humana es una representación de la familia espiritual. En ella está el hombre convertido en padre, guardando verdadera semejanza con su Padre Celestial. La mujer, con su corazón maternal lleno de ternura, es imagen del amor de la Madre Divina, y la familia, que con su unión forman, es una representación de la familia espiritual del Creador.
407. El hogar es el templo en donde mejor podréis aprender a cumplir mis leyes, cuando los padres han sabido prepararse.
408. El destino de los padres y de los hijos está en mí, mas a unos y a otros toca ayudarse mutuamente en sus misiones y en sus restituciones.
409. ¡Cuán liviana sería la cruz y llevadera la existencia si todos los padres y los hijos se amasen! Las pruebas más grandes serían atenuadas por el cariño y la comprensión; su conformidad ante la voluntad divina la verían recompensada con la paz. (199, 72 – 74)

410. Estudiad a los espíritus que os rodean y a los que cruzan por vuestras vidas, a fin de que estiméis sus virtudes, recibáis el mensaje que os traigan, o les entreguéis lo que de vosotros deben recibir.
411. ¿Por qué habéis despreciado a vuestros semejantes que el destino ha puesto en vuestro camino? Les habéis cerrado la puerta de vuestro corazón sin saber la enseñanza que os traían.
412. Cuántas veces habéis alejado de vosotros precisamente a quien traía un mensaje de paz y de consuelo a vuestro espíritu, y luego os quejáis cuando vosotros sois los que habéis llenado vuestro cáliz de amargura.
413. La vida tiene cambios inesperados y sorpresas, y ¿qué haréis vosotros si mañana tenéis que buscar ansiosamente a quien hoy orgullosamente desechasteis?
414. Pensad que es posible que a quien hoy desecháis y despreciáis, mañana le busquéis con ansia, pero que muchas veces ya será tarde. (11, 26 – 30)

415. ¡Cuán hermoso ejemplo de armonía os ofrece el cosmos! Astros luminosos que vibran en el espacio llenos de vida, alrededor de los cuales giran otros astros. Yo soy el astro luminoso y divino que da vida y calor a los espíritus, mas cuán pocos van por su trayectoria y que numerosos son los que giran fuera de su órbita.
416. Podéis decirme que los astros materiales no gozan de libre albedrío y que, en cambio, a los hombres, esa libertad es la que los ha hecho apartarse del camino. Por eso os digo: ¡Cuán meritoria será la lucha para todo espíritu que teniendo el don del libre albedrío, sepa someterlo a la Ley de la armonía con su Creador! (84, 58)

417. Nadie que se nombre discípulo de esta enseñanza espiritual, reclame al Padre el ser pobre en su vida material, carecer de muchas de las comodidades que otros tienen en abundancia, o sufrir escasez o privaciones. Esas lamentaciones son nacidas de la materia, que como sabéis, posee una sola existencia.
418. Vuestro espíritu no tiene derecho a hablar así a su Padre, ni a mostrarse inconforme, ni a blasfemar contra su propio destino; porque todo espíritu en su extensa jornada sobre la Tierra, ha recorrido toda la escala de las experiencias, de los placeres y de las satisfacciones humanas.
419. Ha tiempo que ha comenzado la desmaterialización de los espíritus, para lo cual os ayuda ese dolor y esa pobreza que se resiste a soportar y a sufrir vuestro corazón. Todo bien espiritual y material tiene una importancia que debéis reconocer, para que no le quitéis a uno ni a otro su valor. (87, 26 – 27)

420. Cada criatura, cada hombre, tiene un sitio asignado que no debe perder, mas tampoco debe tomar el sitio que no le corresponda. (109, 22)

421. ¿Por qué teméis al futuro? ¿Vais a desaprovechar toda la experiencia que ha acumulado vuestro espíritu en el pasado? ¿Vais a dejar la siembra sin recoger la cosecha? No, discípulos; pensad que nadie puede torcer su destino, pero sí retardar la hora de su triunfo y aumentar las penas que de por sí existen en el sendero. (267, 14)

422. El Reino del Padre es la heredad de todos los hijos, es indispensable alcanzar esa gracia mediante méritos del espíritu. Quiero que no miréis como un imposible alcanzar la gracia que os acerca a mí.
423. No os entristezcáis al escuchar en mi palabra que llegaréis a la Tierra Prometida con grandes esfuerzos y trabajos. Alegraos porque el que dirige su vida hacia esa idea, no sufre de desengaños ni se ve defraudado. No pasará con él como sucede a muchos que van en pos de la gloria del mundo y que después de mucho luchar, no la consiguen; o quienes, alcanzándola, pronto tienen el dolor de verla esfumarse hasta quedar en la nada. (100, 42 – 43)

424. Yo os doy las llaves para que abráis las puertas de vuestra felicidad eterna. Esas llaves son el amor, de donde procede la caridad, el perdón, la comprensión, la humildad y la paz con que debéis transitar por la vida.
425. ¡Cuán grande es la dicha de vuestro espíritu cuando tiene dominio sobre la materia y se recrea con la luz del Espíritu Santo! (340, 56 – 57)

426. Esta tierra, que siempre ha enviado al más allá una cosecha de espíritus enfermos, cansados, turbados, confundidos o con escaso adelanto, pronto podrá ofrecerme frutos dignos de mi amor.
427. La enfermedad y el dolor se irán desterrando de vuestra vida al llevar una existencia sana y elevada, y cuando llegue la muerte de vuestra materia os encontrará preparados para el viaje hacia la mansión espiritual. (117, 24 – 25)

428. No desmayéis, oh espíritus, que es a quienes dirijo especialmente mis palabras. Perseverad en mi camino y conoceréis la paz. En verdad os digo que todos estáis destinados a conocer la dicha. Dejaría de ser vuestro Padre si no hubieseis sido creados para compartir la gloria conmigo.
429. Pero no olvidéis que para que vuestro goce sea perfecto, es necesario que labréis paso a paso vuestros méritos a fin de que vuestro espíritu llegue a sentirme digno de aquel divino galardón.
430. Ved que yo os ayudo, que os acompaño a lo largo del sendero; tened plena confianza en mí, sabiendo que mi misión está unida a la vuestra y mi destino al vuestro. (272, 61)

Defectos, errores y desvaríos
431. Entended mi lección para que no cometáis más faltas en vuestra vida, porque cada ofensa que hagáis a vuestros hermanos, ya sea con palabras o con obras, será un recuerdo imborrable en vuestra conciencia, la cual implacablemente os reclamará.
432. Vuelvo a deciros que todos sois necesarios para que se cumpla el plan divino y para que termine tanta miseria espiritual entre la humanidad.
433. Mientras el egoísmo exista, el dolor también existirá. Cambiad vuestra indiferencia, vuestro egoísmo y vuestro desprecio, por amor, por caridad y veréis cuán pronto os llegará la paz. (11, 38–40)

434. Buscad vuestro progreso dentro de la vida humana, mas nunca os dejéis dominar por desmedidas ambiciones, porque entonces perderéis vuestra libertad y os esclavizará el materialismo. (51, 52)

435. Yo perdono vuestras faltas, pero al mismo tiempo os corrijo para que desechéis de vuestro corazón el egoísmo; porque es una de las flaquezas que más bajo arrastran al espíritu.
436. Os toco a través de la conciencia para que recordéis vuestros deberes entre hermanos y sembréis de caridad y de perdón vuestro camino, como os enseñé en el Segundo Tiempo. (300, 29)

437. Hoy la fuerza de la materia y la influencia del mundo os han vuelto egoístas, pero la materia no es eterna, tampoco el mundo ni su influencia, y yo soy el Juez paciente cuya justicia es dueña de la vida y del tiempo. Vosotros no juzguéis a quienes me nieguen, porque os hallaré más culpables que a ellos.
438. ¿Acaso yo levanté mi voz para juzgar a mis verdugos? ¿No les bendije con amor y mansedumbre? ¡Si supieseis que muchos de aquéllos que en el mundo se perdieron temporalmente por esa falta, hoy se hallan en espíritu purificados! (54, 47 – 48)

439. Tampoco intentéis descubrir los sentimientos ocultos de vuestros semejantes, porque en cada ser existe un arcano que sólo yo debo conocer; mas si descubristeis lo que por pertenecer sólo a vuestro hermano, debe ser sagrado para vosotros, no lo publiquéis; no rasguéis ese velo, antes hacedlo más denso.
440. Cuántas veces he contemplado a los hombres penetrar en el corazón de su hermano hasta descubrir su desnudez moral o espiritual, para recrearse con ello y luego publicarlo.
441. Ninguno de los que así hayan profanado la intimidad de un semejante se sorprenderá de que alguien en su camino le desnude y le burle; no diga entonces que es la vara de justicia la que le mide, porque será la vara de la injusticia con la que midió a sus hermanos.
442. Respetad a los demás, cubrid con vuestro manto de caridad a los desnudos y defended al débil de las murmuraciones de la humanidad. (44, 46 – 48)

443. No todos los que andan por calles y caminos, hablando de los acontecimientos de los tiempos pasados, interpretando profecías o explicando revelaciones, son mis enviados. Porque muchos por vanidad, por despecho o por intereses humanos, han tomado aquellas enseñanzas para ofender y juzgar, para humillar o herir, y aún para matar. (116, 21)

444. ¡Levantaos, humanidad, encontrad el camino, encontrad la razón de la vida! ¡Uníos pueblos con pueblos, amaos todos! ¡Cuán delgado es el muro que divide un hogar de otro, y sin embargo, cuán distantes se hallan sus moradores unos de otros! Y en las fronteras de vuestros pueblos, ¡cuántas condiciones para que dejéis pasar a vuestros semejantes! Y si esto hacéis entre humanos, ¿qué habéis hecho con los que se hallan en otra vida? Poner entre ellos y vosotros, cuando no el velo de vuestro olvido, sí el de vuestra ignorancia, que es como densa tiniebla. (167, 31)

445. ¿Veis esos hombres que tan sólo viven para satisfacer desmedidas ambiciones, pasando sobre la vida de sus semejantes, sin respetar los derechos que yo, su Creador, les he concedido? ¿Veis cómo sus obras sólo hablan de envidias, de odio y de codicia? Pues es por ellos por los que debéis orar más que por otros, que no están tan necesitados de luz.
446. A estos hombres perdonadles todo el dolor que os causan y ayudadles con vuestros pensamientos limpios a razonar. No hagáis en torno a ellos más densa la niebla que les rodea, porque cuando tengan que responder de sus actos también llamaré a responder a quienes en vez de orar por ellos, sólo les enviaron tinieblas con sus malos pensamientos. (113, 30)

447. Recordad que en la ley se os dijo: “No tendrás otros dioses delante de Mí”. Sin embargo, son muchos los dioses que la ambición humana ha forjado para adorarles, rendirles tributo y hasta entregarles la vida.
448. Comprended que mi Ley no ha pasado y que sin que os deis cuenta, os habla incesantemente a través de la conciencia; mas los hombres siguen siendo paganos e idólatras.
449. Aman a su cuerpo, halagan sus vanidades y consienten sus debilidades; aman las riquezas de la tierra, a las cuales les sacrifican su paz y su futuro espiritual. Rinden culto a la carne, llegando a veces a la degeneración y hasta a la muerte por ir tras de los placeres.
450. Convenceos de que habéis amado más lo del mundo que a vuestro Padre. ¿Cuándo os habéis sacrificado por mí, amándome y sirviéndome en vuestros semejantes? ¿Cuándo sacrificáis vuestro sueño o exponéis vuestra salud por acudir en alivio de las penas que afligen a vuestros hermanos? Y ¿cuándo habéis llegado hasta la muerte por alguno de los nobles ideales que mi doctrina inspira?
451. Ved como no es a mí a quien más amáis; ved como el culto que tenéis por la vida material es para vosotros antes que el culto a la vida del espíritu; y ésa es la razón por la cual os he dicho que tenéis otros dioses para adorarles y servirles antes que al verdadero. (118, 24 – 26)

452. Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y lícito. Y, sin embargo, tal parece que Sodoma y Gomorra, Babilonia y Roma, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado. (275, 49)

453. Ahora vivís un tiempo de confusión, en el que llamáis bueno a lo malo, en el que creéis ver luz en donde hay tiniebla, en el que anteponéis lo superfluo a lo esencial; pero mi caridad, siempre presta y oportuna, llegará a tiempo para salvaros, enseñándoos el camino luminoso de la verdad, camino del que os habíais apartado. (358, 30)

454. Para poder vencer en todas las pruebas, haced lo que el Maestro os ha enseñado: Velad y orad, para que siempre vuestros ojos estén alertas y no seáis sorprendidos por la tentación. Mirad que el mal tiene gran sutileza para probaros, para haceros caer, para venceros y aprovecharse de vuestra debilidad. Sed perspicaces, para que sepáis descubrirlo cuando os aceche. (327, ex. 10)

455. De cierto os digo que de estas tinieblas la humanidad saldrá a la luz, mas ese paso será lento. ¿Qué sería de los hombres si en un instante comprendiesen todo el mal que han ocasionado? Unos perderían la razón, otros se arrancarían la vida. (61, 52)

Purificación y espiritualización de la humanidad
456. Os habéis olvidado de la Ley y habéis esperado que los elementos os recuerden mi justicia: aires huracanados, aguas que se salen de su cauce, terremotos, sequías, inundaciones, son voces que os despiertan y os hablan de mi justicia.
457. ¿Qué otro fruto puede ofrecerme la humanidad en este tiempo que no sea la discordia y el materialismo? Este pueblo que por años ha escuchado mi enseñanza tampoco puede presentarme una cosecha agradable. (69, 54 – 55)

458. ¿No oís las voces de justicia? ¿No miráis los elementos tocando comarca tras comarca? ¿Creéis que si vosotros vivieseis una vida virtuosa habría necesidad de que mi justicia se hiciera sentir de tal manera? De cierto os digo que no tendría objeto purificaros si os hubiese encontrado limpios. (69, 11)

459. Aun cuando en el presente os parezca imposible cimentar la paz entre la humanidad, yo os digo que la paz se hará y aún más, que el hombre practicará la espiritualidad.
460. Muchas calamidades sufrirá el mundo antes del establecimiento de ese tiempo; pero esos sufrimientos serán para bien de la humanidad, tanto en lo material como en lo espiritual; serán como un “hasta aquí” a la carrera desenfrenada de maldades, egoísmos y lujuria de los hombres.
461. Así vendrá un equilibrio, porque las fuerzas del mal no podrán prevalecer sobre las fuerzas del bien.
462. La purificación tiene apariencia de castigo sin serlo, porque viene siempre a tocar lo más sensible, lo más delicado y querido; pero en realidad es medio de salvación para el espíritu alejado o perdido del camino.
463. Quien juzga materialmente, no puede encontrar nada útil en el dolor. Quien juzga que lleva consigo un espíritu que vive eternamente, extrae, del mismo dolor, luz, experiencia, temple y regeneración.
464. Si pensáis espiritualmente, ¿cómo podéis creer que el dolor sea un mal para la humanidad, si viene de un Dios que es todo amor?
465. El tiempo pasa y llegará un instante en que esas grandes pruebas comiencen a aparecer y huya del mundo hasta el último resto de paz, que no retornará hasta que la humanidad haya encontrado el camino de mi Ley, escuchando esa voz interior que le dirá a cada momento: ¡Dios existe! ¡Dios está en vosotros! ¡Reconocedlo, sentidlo, reconciliaos con Él!
466. Será entonces cuando el orden de vuestra vida cambie, desaparecerá el egoísmo y cada quien será útil a los demás. En mi justicia se inspirarán los hombres para hacer nuevas leyes y gobernar con amor a los pueblos. (232, 43 – 47)

467. Después del nuevo diluvio, brillará el iris como símbolo de paz y de un nuevo pacto que espiritualmente hará la humanidad con su Señor.
468. La lucha debéis esperarla grande, porque tendréis todos que luchar contra el dragón del mal, cuyas armas son la ambición, el odio, el poder terrenal, la lujuria, la vanidad, el egoísmo, la mentira, la idolatría y el fanatismo; todas las fuerzas del mal, nacidas del corazón humano contra las que tendréis que combatir con gran valor y fe, hasta vencerlas.
469. Cuando el dragón de vuestras pasiones haya sido muerto por vuestras armas de luz, un mundo nuevo aparecerá delante de los hombres, un mundo nuevo, siendo el mismo, pero el cuál parecerá más hermoso; porque entonces los hombres sabrán tomarlo para su bienestar y progreso, infiltrando a todas sus obras un ideal de espiritualidad.
470. Los corazones se ennoblecerán, las mentes tendrán luz, el espíritu sabrá manifestar su presencia. Todo lo bueno prosperará, todo lo elevado servirá de simiente a las obras humanas.
471. En lo material también palparéis la transformación: Los ríos serán abundantes, las tierras estériles serán fértiles, los elementos volverán a su cauce porque habrá armonía entre el hombre y Dios, entre el hombre y las obras divinas, entre el hombre y las leyes dictadas por el Autor de la vida. (352, 61 – 65)

472. No temáis, testigos amados, yo os anuncio que esta humanidad materialista, que por tanto tiempo sólo ha creído en lo que toca, ve y comprende con su limitado entendimiento y en lo que comprueba con su ciencia, se tornará en espiritual y sabrá mirarme y buscar la verdad con su mirada espiritual. (307, 56)

473. Si estuvieseis preparados espiritualmente, podríais contemplar en el infinito a las multitudes de seres espirituales que ante vuestra vista semejarían una inmensa nube blanca y al desprenderse de ella los mensajeros o enviados, les veríais aproximarse como destellos de luz hacia vosotros.
474. Vuestra mirada espiritual no es penetrante aún y por eso tengo que hablaros del más allá, de todo aquello que no podéis alcanzar a contemplar todavía; mas os digo que tiempo llegará en que todos seáis videntes y os deleitéis ante aquella vida maravillosa que ahora sentís distante, pero que en realidad vibra cerca de vosotros, os envuelve e ilumina, os inspira y llama incesantemente a vuestras puertas. (71, 37 – 38)

475. Sensibilidad, presentimiento, revelación, profecía, inspiración, videncia, curación, verbo; todo eso y otros dones más, brotarán del espíritu y por medio de ellos confirmarán los hombres que un nuevo tiempo se ha abierto ante la humanidad.
476. Hoy dudáis de que existan esos dones por que hay quienes los ocultan al mundo temiendo su juicio; mañana será lo más natural y hermoso poseerlos.
477. Vengo a vosotros en este Tercer Tiempo porque estáis enfermos del cuerpo y del espíritu. El sano no necesita del médico, ni el justo requiere purificación. (80, 5 – 6)

478. Hoy todavía habéis menester de ministros, de jueces y maestros, mas cuando vuestras condiciones espirituales y morales se hayan elevado, no necesitaréis ya de esos báculos, ni de esas voces; en cada hombre estará un juez, un guía, un maestro y un altar. (208, 41)

XVI. PROFECÍAS Y PARÁBOLAS, CONSUELO Y PROMESAS

Capítulo 64 – Profecías

El cumplimiento de antiguas y nuevas profecías
1. Lo que los profetas hablaron, se cumplirá en este tiempo; mi nueva palabra llegará ante filósofos y teólogos, muchos se mofarán de ella y otros se escandalizarán, mas cuando eso sea, sus ojos asombrados contemplarán el cumplimiento de las profecías que ahora os he anunciado. (151, 75)

2. Aquellos profetas de los tiempos pasados no recibieron consagración o autorización alguna en la Tierra, no estaban obligados a tener sumisión ante ninguna autoridad y sólo se concretaban a obedecer los dictados de su Señor, que era el que ponía su palabra en los labios de aquellos escogidos por él.
3. Llenos de fe y de valor, nada los detenía en su misión de enseñar mi Ley al pueblo y apartarlo del fanatismo religioso, haciéndole comprender la indolencia y los errores de los sacerdotes. (162, 7–8)

4. Humanidad: ¿Os parece imprevisto el dolor, la miseria y el caos que os envuelve en este tiempo?
5. Si estáis sorprendidos, es porque no os interesasteis por mis profecías y no os preparasteis.
6. Todo estaba previsto y todo estaba anunciado, pero faltasteis a la fe y ahora apuráis las consecuencias como un cáliz muy amargo.
7. También ahora estoy profetizando por medio del entendimiento humano; unas profecías son de realización próxima y otras para tiempos más distantes.
8. Este pueblo que las escucha, tiene la gran responsabilidad de darlas a conocer a la humanidad, porque ellas contienen luz que hará a los hombres comprender la realidad en que viven, para que se detengan en su veloz carrera hacia el abismo. (276, 41 – 42)

9. Mucho de lo que en este tiempo os he hablado, es profecía que se refiere a tiempos próximos a veces y a veces a tiempos del futuro; por eso muchos hombres no querrán dar importancia a este mensaje divino.
10. En cambio, esta palabra surgirá llena de luz entre la humanidad de los tiempos venideros, que verán y encontrarán en ella grandes revelaciones, cuya exactitud y perfección dejarán maravillados a los hombres de ciencia. (216, 13)

Gran profecía a los pueblos, del 10. 1. 1945
11. En este instante hablo a las naciones de la tierra. Mi luz la tienen todos, con ella reflexionarán en que han llegado a tomar la vida como si fuesen los dueños de ella.
12. En verdad os digo, que vuestra destrucción y vuestro dolor ha levantado profundo arrepentimiento en muchos y ha despertado a millones de seres a la luz, que me buscan e invocan, y de ellos se levanta un clamor que llega hasta mí, preguntando: Padre, ¿Acaso la guerra no cesará en 1945, ni vendrás a secar nuestras lágrimas y a traernos la paz?
13. He aquí mi presencia entre vosotros, ¡oh siete naciones! ¡Siete cabezas que os habéis levantado en el mundo delante de mí!

14. INGLATERRA: Yo os ilumino. Mi justicia grandemente os tocará todavía, mas os doy la fuerza, toco vuestro corazón y os digo: Vuestras ambiciones caerán, vuestros poderíos os serán quitados y a nadie serán dados.

15. ALEMANIA: Toco en este instante vuestra soberbia y os digo: Preparaos, porque vuestra semilla no perecerá. Nuevas tierras me habéis pedido y los hombres se han interpuesto en mis altos juicios. Yo toco vuestra cerviz y os digo: Tomad mi fuerza y confiad en mí que yo os salvaré.
16. Mas si en mí no confiareis y os entregaseis a vuestra soberbia, caeréis y seréis esclava del mundo; mas esa no es mi voluntad, porque es el tiempo en que vengo derribando a los señores y libertando a los esclavos y cautivos. Tomad mi luz y levantaos.

17. RUSIA: Mi Espíritu todo lo contempla. No será vuestro el mundo. Yo seré quien reine sobre todos vosotros. No lograréis borrar mi nombre, porque Cristo, que os habla, reinará sobre todos los hombres. Desmaterializaos y preparaos para una nueva vida, porque si así no fuere, yo quebrantaré vuestro orgullo. Os entrego mi luz.

18. ITALIA: No sois ya el Señor de los tiempos pasados; hoy el escarnio, la esclavitud y la guerra os han destruido. Una gran purificación estáis atravesando por vuestra degeneración. Mas os digo: regeneraos, apartad vuestro fanatismo e idolatría y reconocedme como el Señor de los señores. Yo derramaré nuevas inspiraciones y luz entre vosotros. Tomad mi bálsamo y perdonaos los unos a los otros.

19. FRANCIA: Me hacéis presente vuestro dolor. Vuestro lamento llega hasta la altura de mi solio. Yo os recibo. Ayer os levantasteis como señor, ahora sólo me presentáis las cadenas que arrastráis.
20. No habéis velado ni orado; os habéis entregado a los placeres de la materia, y el dragón ha hecho presa de vosotros.
21. Mas yo os salvaré, porque el clamor de vuestras mujeres y el llanto de los niños llega a mí. Queréis salvaros, y yo os doy mi manto, pero en verdad os digo: Velad, orad y perdonad.

22. ESTADOS UNIDOS: En este instante también os recibo. Contemplo vuestro corazón, no de piedra, sino de metal, de oro. Vuestro cerebro de metal lo encuentro endurecido. No encuentro amor en vosotros, no descubro espiritualidad, sólo veo grandeza, ambiciones y codicia.
23. Seguid, mas os pregunto: ¿Cuándo mi simiente va a enraizar profundamente en vosotros? ¿Cuándo derrumbaréis vuestro “becerro de oro” y vuestra “torre de Babel”, para edificar el verdadero templo del Señor?
24. Yo os toco la conciencia, desde el primero al último y os perdono. Os ilumino para que en la hora suprema, cuando la prueba llegue a la culminación, no se ofusque vuestra mente, sino que penséis con claridad y recordéis que yo soy antes que vos.
25. Os doy luz, fuerza y potestad. No os intercaléis en mis altos juicios, porque si desobedecieseis mis mandatos o traspasaseis el límite que señalo, el dolor, la destrucción, el fuego, la peste y la muerte serán con vos.

26. JAPÓN: Os recibo y os hablo. He penetrado en vuestro santuario y todo lo he contemplado. No queréis ser postreros siempre habéis querido ser primero y en verdad os digo: Esa simiente no es grata delante de mí.
27. Es menester que apuréis el cáliz de amargura, para que se purifique vuestro corazón. Es necesario que vuestra lengua se mezcle con las otras lenguas; es menester que el mundo se acerque a vosotros. Cuando el mundo se encuentre preparado y limpio, os llevará simiente que yo le he de entregar, porque a nadie contemplo preparado. No contemplo en vosotros la simiente espiritual de mi divinidad. Mas yo prepararé el camino.
28. Pronto habrá caos de ideas en el universo, confusión de ciencias y teorías, y después de ese caos llegará la luz a vosotros. Yo a todas os preparo y perdono y hago que penetréis al camino certero.
29. Cuando el momento sea marcado y llegue la paz a las naciones, no seáis reacios, no os opongáis a mi voluntad. Si las naciones firmaron, vos no las traicionéis, porque entonces yo descargaré mi justicia sobre vosotros.
30. ¡Siete naciones! ¡Siete cabezas! Os ha recibido el Padre. Ante vosotros, bajo vuestro dominio, se encuentra el mundo. Vosotros me responderéis de él.
31. Sea la luz del “libro de los siete sellos” en cada una de las naciones, para que los hombres se preparen conforme es mi voluntad. (127, 50 – 65)

Guerras y catástrofes naturales – señales en el cielo
32. Este mismo mundo que ahora habitáis, ha sido por mucho tiempo campo de batalla y no le ha bastado al hombre la enorme experiencia legada por sus antepasados, experiencia amarga y dolorosa que es como un libro abierto por la conciencia delante de los hombres de este tiempo.
33. Pero es duro el corazón de la humanidad para aceptar aquel fruto de experiencia que es como un legado de luz. Lo único que han heredado de sus antepasados ha sido el odio, la soberbia, el rencor, la codicia, el orgullo y la venganza que les fue transmitida en la sangre. (271, 65)

34. Mirad que es tiempo de justicia, porque en verdad os digo: toda falta será expiada. La misma tierra reclamará el mal uso que de ella y de sus elementos haya hecho el hombre.
35. Todo lo que haya sido destruido os reclamará, haciendo reconocer a los hombres que fueron hechos por el Creador con fines de amor, y que esa voluntad única que podía destruirles es la que les cuida, les protege y les bendice. (180, 67)

36. Os estoy dejando este mensaje que habéis de llevar más allá de los mares. Mi palabra cruzará por el viejo continente y llegará hasta los hombres de Israel, que en lucha fratricida se han levantado por un pedazo de tierra, sin darse cuenta de la miseria de su espíritu.
37. No podéis comprender la prueba por la que pasará el mundo. Todos esperan la paz y ésta sólo será efectiva hasta después de que los elementos hayan dado testimonio de mí. (243, 52)

38. Mis elementos se desatarán y asolarán comarcas. Los hombres de ciencia descubrirán un nuevo planeta y una lluvia de estrellas alumbrará vuestro mundo, pero esto no acarreará desastres para la humanidad, sólo anunciará a los hombres la llegada de un nuevo tiempo. (182, 38)

39. Ya os he revelado que mi pueblo se encuentra diseminado por toda la Tierra, es decir que la simiente espiritualista se encuentra diseminada en toda la redondez de la Tierra.
40. Hoy estáis desunidos y hasta llegáis a desconoceros unos y otros, por verdaderas pequeñeces. Mas cuando las doctrinas materialistas lleguen a amenazar con invadiros a todos, entonces será cuando llegaréis a identificaros todos los que pensáis y sintáis con el espíritu. Para cuando ese tiempo llegue, yo os daré una señal para que podáis reconoceros, algo que todos podáis llegar a ver y oír en la misma forma. Así, cuando deis testimonio unos a otros, os maravillaréis y diréis: Es el Señor quien nos ha visitado. (156, 35 – 36)

Profecía sobre la escisión de las comunidades espiritualistas
41. Oídme ahora, pueblo, y levantaos a dar cumplimiento digno y verdadero a mi palabra.
42. Veo que lleváis tristeza en vuestro corazón, porque estáis presintiendo que no todas estas multitudes se van a apegar a la Ley que he escrito en vuestra conciencia, y yo os digo que ahora, como en el Primer Tiempo, el pueblo se dividirá.
43. Yo os he hablado mucho y he marcado un solo sendero a todos, por lo que os digo que vendrá el juicio para este pueblo, cuando sea el día señalado por la voluntad de vuestro Padre para hacer cesar esta manifestación, si algunos de mis hijos me desobedecen.
44. He venido a vosotros como un libertador en este tiempo, señalándoos el camino del desierto, la jornada espiritual de la lucha por la liberación y la salvación, prometiéndoos al final la nueva Tierra de Promisión, que es la paz, la luz y la felicidad del espíritu.
45. Bienaventurados los que se levanten a seguirme en esta jornada, ansiosos de liberación y espiritualidad, porque nunca se sentirán solos ni débiles en las pruebas que les depare el extenso desierto.
46. En cambio, ¡ay de los que falten a la fe, de los que amen más lo del mundo que lo del espíritu, de los que sigan aferrados a sus ídolos y a sus tradiciones! Ellos creyendo servirme, serán súbditos del Faraón, que es la carne, el materialismo, la idolatría.
47. El que anhele llegar a la Tierra Prometida, a la patria del espíritu, tiene que ir por el mundo dejando huella de bien.
48. Venid por ese camino y no temáis, que si fundáis vuestra esperanza en mí no es posible que os perdáis. Si teméis o desconfiáis es que vuestra fe no es absoluta, y yo os digo que el que quiera seguirme debe estar persuadido de mi verdad. (269, 50 – 51)

Capítulo 65 – Parábolas

Parábola de los malos administradores
1. Acercábanse a una casa en busca de caridad una multitud de hambrientos, enfermos y desnudos.
2. Los dueños de la casa la preparaban de continuo para dar de comer en su mesa a los caminantes.
3. El hacendado, dueño y señor de aquellas tierras se acercaba para presidir el banquete.
4. El tiempo transcurría y los menesterosos siempre encontraban en la casa sustento y abrigo.
5. Un día contempló aquel señor que el agua de la mesa era turbia, que los manjares no eran sanos y agradables y que los manteles estaban manchados.
6. Entonces llamando a los encargados de preparar la mesa les dijo: ¿Habéis mirado los lienzos y probado los manjares y bebido el agua?
7. Sí señor, contestaron aquéllos.
8. Entonces, antes de dar de comer a estos hambrientos, haced comer a vuestros hijos, y si ellos, encuentran buenas las viandas, dad a estos visitantes.
9. Los hijos tomaron el pan, los frutos y cuanto había en la mesa y el sabor fue desagradable y hubo descontento y rebeldía en contra de aquellos y reclamaron con dureza.
10. El hacendado dijo entonces a los que esperaban, venid bajo un árbol, que voy a ofreceros los frutos de mi huerto y los manjares gratos al paladar.
11. Y a los encargados dijo así: Limpiad lo manchado, apartad el mal sabor de los labios de los que habéis engañado; desagraviadme, porque os he mandado recibir a todos los hambrientos y sedientos para ofrecerles los mejores manjares y el agua limpia y no habéis cumplido; vuestro trabajo no es agradable a mí.
12. El señor de aquellas tierras preparó el banquete, el pan fue substancioso, los frutos sanos y maduros, el agua fresca y confortante, y entonces invitó a los que esperaban: mendigos, enfermos y leprosos, y todos se alimentaron y su gozo fue grande. Pronto se vieron sanos y libres de males y decidieron quedarse en la hacienda.
13. Empezaron a trabajar las tierras, se hicieron labradores, mas eran débiles y no supieron guiarse por los consejos de aquel señor. Mezclaron diferentes semillas y la cosecha degeneró. El trigo fue ahogado por la mala hierba.
14. Y cuando llegó el tiempo de la siega, se acercó el hacendado y les dijo: ¿Qué hacéis, si a vosotros sólo os encargué el cuidado de la casa para recibir a los visitantes? La siembra que habéis hecho no es buena, otros son los encargados de las tierras. Id y limpiad los campos de cardos y de mala hierba y volved a guardar la casa; la fuente se ha secado, el pan no sustenta y los frutos son amargos. Haced con los caminantes, lo que yo hice con vosotros, y cuando hayáis alimentado y sanado a los que se acercasen a vosotros, cuando hayáis hecho desaparecer el dolor de vuestros semejantes, yo os haré descansar en mi mansión. (196, 47 – 49)

Travesía del desierto y arribo a la gran ciudad
15. Dos caminantes iban a paso lento por un extenso desierto, sus pies estaban doloridos por las ardientes arenas. Se dirigían hacia una lejana ciudad, sólo la esperanza de llegar a su destino les alentaba en su dura jornada, el pan y el agua se les iban agotando. El más joven de los dos comenzó a desfallecer y rogó a su compañero que continuase solo el viaje, porque las fuerzas le estaban abandonando.
16. El caminante anciano trató de reanimar al joven, diciéndole que tal vez encontrarían pronto un oasis donde reparar las fuerzas perdidas, pero aquél no se reanimaba.
17. Pensó no abandonarlo en aquella soledad y a pesar de encontrarse también fatigado, echó sobre su espalda al compañero rendido y continuó trabajosamente la caminata.
18. Cuando ya hubo descansado el joven, considerando la fatiga que le ocasionaba al que sobre sus hombros le llevaba, se soltó de su cuello, le tomó de la mano y así continuaron el camino.
19. Inmensa fe alentaba el corazón del caminante anciano, la que le daba fuerzas para vencer su cansancio.
20. Como lo había presentido, apareció en el horizonte el oasis bajo cuya sombra les esperaba la frescura de un manantial. Al fin llegaron a él y bebieron de aquella agua fortificante hasta saciarse.
21. Durmieron con sueño reparador y al despertar sintieron que había desaparecido el cansancio, tampoco experimentaban hambre ni sed, sentían paz en su corazón y fuerzas para llegar a la ciudad que buscaban.
22. No hubieran querido dejar aquel sitio, mas era menester continuar el viaje. Llenaron sus ánforas de aquella agua cristalina y pura y reanudaron su camino.
23. El caminante anciano que había sido el sostén del joven, dijo: Tomemos con medida el agua que llevamos, es posible que encontremos en el camino algunos peregrinos vencidos por la fatiga muriendo de sed o enfermos y será menester ofrecerles la que llevamos.
24. Protestó el joven diciendo que no sería sensato dar lo que tal vez ni para ellos bastaría; que en tal caso, ya que tanto esfuerzo les había costado conseguir aquel precioso elemento, lo podrían vender al precio que quisieran.
25. No quedando satisfecho con esta respuesta, el anciano le replicó diciendo que si querían tener paz en su espíritu, debían compartir el agua con los necesitados.
26. Contrariado el joven dijo que prefería consumir él solo el agua de su ánfora antes que compartirla con alguien que se encontrara en su camino.
27. Nuevamente el presentimiento del anciano volvió a cumplirse, pues vieron adelante de ellos una caravana formada por hombres, mujeres y niños, que perdida en el desierto estaba próxima a sucumbir.
28. El buen anciano se acercó presuroso ante aquella gente a quien le dio de beber. Los caminantes al momento se sintieron fortalecidos, los enfermos abrieron sus ojos para dar gracias a aquel viajero y los niños dejaron de llorar de sed. La caravana se levantó y continuó su jornada.
29. Había paz en el corazón del caminante generoso, mientras el otro, mirando su ánfora vacía, alarmado le dijo a su compañero que retornaran en busca del manantial para recuperar el agua que habían consumido.
30. No debemos regresar, dijo el buen caminante, si tenemos fe, adelante encontraremos nuevos oasis.
31. Mas el joven dudó, tuvo miedo y prefirió despedirse ahí mismo de su compañero, para regresar en busca del manantial. Los que habían sido hermanos de lucha se separaron; mientras uno continuaba adelante en el sendero, lleno de fe en su destino, el otro pensando que podía morir en el desierto, corrió hacia el manantial con la obsesión de la muerte en su corazón.
32. Al fin llegó jadeante y fatigado, pero satisfecho bebió hasta saciarse, olvidándose del compañero que dejo ir solo, así como de la ciudad a la que había renunciado, decidiendo quedarse a vivir en el desierto.
33. No tardó mucho en pasar cerca de ahí una caravana compuesta por hombres y mujeres rendidos y sedientos; se acercaron con ansiedad para beber de las aguas de aquel manantial.
34. Mas de pronto vieron aparecer a un hombre que les prohibía beber y descansar si no le retribuían aquellos beneficios. Era el caminante joven que se había adueñado del oasis, convirtiéndose en señor del desierto.
35. Aquellos hombres le escucharon con tristeza, porque eran pobres y no podían comprar aquel precioso tesoro que calmaría su sed. Al fin, despojándose de lo poco que llevaban, compraron un poco de agua para mitigar la sed desesperante y continuaron su camino.
36. Pronto aquel hombre se convirtió de señor en rey, porque no siempre eran pobres los que por ahí pasaban, también había poderosos que podían dar su fortuna por un vaso de agua.
37. No volvió este varón a acordarse de la ciudad que estaba más allá del desierto y menos del fraternal compañero que le había llevado sobre sus hombros, librándolo de perecer en aquella soledad.
38. Un día vio venir una caravana que seguramente se dirigía a la gran ciudad, mas con sorpresa observó que aquellos hombres, mujeres y niños, venían caminando llenos de fortaleza y júbilo, entonando un himno.
39. No comprendió este varón lo que miraba y su sorpresa fue mayor cuando vio que al frente de la caravana marchaba aquél que había sido su compañero de viaje.
40. La caravana se detuvo frente al oasis, mientras los dos hombres frente a frente se contemplaban asombrados. Al fin el que habitaba en el oasis preguntó al que había sido su compañero: Decidme, ¿cómo es posible que haya quienes pasen por este desierto sin sentir sed ni experimentar cansancio?
41. Es que en su interior pensaba lo que sería de él el día en que nadie se acercara a pedirle agua o albergue.
42. El buen caminante le dijo a su compañero: Yo llegué hasta la gran ciudad, mas no sólo en el camino encontré enfermos, sino sedientos, extraviados, cansados y a todos los reanimé con la fe que a mí me anima, y así de oasis en oasis llegamos un día a las puertas de la gran ciudad.
43. Ahí fui llamado por el Señor de aquel Reino, el que viendo que conocía el desierto y que tenía piedad de los viajeros, me dio la misión de volver para ser guía y consejero en la dolorosa travesía de los caminantes.
44. Aquí me tenéis conduciendo una más de las caravanas que he de llevar a la gran ciudad. Y vos, ¿qué hacéis aquí? Preguntó al que se había quedado en el oasis. Este avergonzado, enmudeció.
45. Entonces el buen viajero le dijo: Sé que habéis hecho vuestro este oasis, que vendéis sus aguas y que cobráis por la sombra. Estos bienes no son vuestros, fueron puestos en el desierto por un poder divino para que los tomara el que de ellos necesitara.
46. ¿Veis estas multitudes? Ellas no necesitan del oasis porque no sienten sed, ni se fatigan, me basta trasmitirles el mensaje que por mi conducto les envía el Señor de la gran ciudad, para que se levanten, encontrando en cada paso fuerzas por el ideal que tienen de alcanzar aquel Reino.
47. Dejad el manantial a los sedientos, para que en él encuentren descanso y apaguen su sed los que sufren los rigores del desierto.
48. Vuestro orgullo y egoísmo os han cegado, mas ¿de qué os ha servido el ser dueño de este pequeño oasis, si vivís en esta soledad y os habéis privado de conocer la gran ciudad que juntos buscábamos? ¿Ya olvidasteis aquel ideal que fue de los dos?
49. Aquel varón escuchando en silencio al que fuera fiel y abnegado compañero, prorrumpió en llanto; porque sintió arrepentimiento de sus errores, y arrancándose las falsas galas, se fue en busca del punto de partida que era donde el desierto empezaba, para seguir el camino que lo llevara a la gran ciudad. Mas ahora marchaba iluminado su sendero por una nueva luz, la de la fe y el amor a sus semejantes.
50. Yo soy el Señor de la gran ciudad y Elías el anciano de mi parábola, el es “la voz del que clama en el desierto”; es el que nuevamente se manifiesta entre vosotros, en cumplimiento a la revelación que os di en la transfiguración del Monte Tabor. Él es quien os guía en el Tercer Tiempo hacia la gran ciudad, en donde os espero para entregaros el galardón eterno de mi amor.
51. Seguid a Elías ¡oh pueblo amado! y todo cambiará en vuestra vida; en vuestro culto e ideales, todo será transformado.
52. ¿Creíais que vuestro culto imperfecto sería eterno? No, discípulos; mañana, cuando vuestro espíritu contemple en el horizonte la gran ciudad, dirá como su Señor: “Mi Reino no es de este mundo”. (28, 18 – 40)

La magnanimidad de un rey
53. Encontrábase un rey rodeado de sus súbditos celebrando una victoria obtenida sobre un pueblo rebelde, el cual pasaba a ser su vasallo.
54. El rey y los suyos cantaban victoria. El rey habló así a su pueblo: La fuerza de mi brazo ha vencido y ha hecho crecer mi reino, mas a los vencidos los amaré como a vosotros, les daré grandes tierras en mis dominios para que cultiven la vid y así como yo los amo, quiero que vosotros les améis.
55. El tiempo pasó y de entre aquel pueblo conquistado por el amor y la justicia de aquel rey surgió un varón rebelde a su Señor, a quien intentó dar muerte mientras dormía, hiriéndole solamente.
56. Ante su delito aquel hombre huyó lleno de temor a ocultarse en las más oscuras selvas, mientras el rey lloraba la ingratitud y la ausencia de su súbdito, porque mucho le amaba su corazón.
57. El hombre aquel, en su huida cayó prisionero de un pueblo enemigo del rey, y cuando fue acusado de ser un súbdito de aquel a quien no reconocían, éste atemorizado, a voz en cuello les dijo que él se encontraba fugitivo porque acababa de matar al rey. Mas no fue creído y le sentenciaron a morir en una hoguera después de atormentarlo.
58. Cuando ya sangrante iba a ser arrojado al fuego, acertó a pasar por ahí el rey con sus súbditos, quienes andaban en busca del rebelde, y al ver lo que ahí estaba aconteciendo, levantó aquel señor su brazo diciendo a los verdugos: ¿Qué hacéis pueblo rebelde? Y a la voz majestuosa e imperiosa del rey, los rebeldes cayeron postrados ante él.
59. El súbdito ingrato, que continuaba atado junto al fuego en espera solamente del cumplimiento de su sentencia, estaba absorto y sorprendido al ver que el rey no había muerto y que se acercaba paso a paso hacia él para desatarlo.
60. Lo apartó del fuego y curó sus heridas; luego acercó vino a sus labios, le vistió con blanca y nueva vestidura y después de depositar un beso en su frente le dijo: Súbdito mío, ¿Por qué os habéis ido de mi lado? ¿Por qué me habéis herido? No me contestéis de palabra, sólo quiero que sepáis que os amo, y os digo en este instante: Venid y seguidme.
61. Aquel pueblo que presenciaba estas escenas de caridad, maravillado y convertido, exclamó: Hosanna, hosanna; declarándose súbdito obediente de aquel rey. Ese pueblo sólo recibió beneficios de su Señor y el súbdito que un día se rebeló, sorprendido por tanto amor de su rey, hizo el propósito de pagar aquellas pruebas de afecto sin límite, amando y venerando por siempre a su Señor, rendido ante sus obras perfectas.
62. He aquí, pueblo, muy clara mi palabra. Los hombres luchan en contra mía y pierden su amistad para conmigo.
63. ¿Qué daño he hecho a los hombres? ¿Qué perjuicio les acarrea mi doctrina y mi Ley?
64. Sabed que cuántas veces me ofendáis, las mismas seréis perdonados, pero entonces quedaréis obligados a perdonar a vuestros enemigos cuantas veces os ofendieren.
65. Os amo, y si un paso os alejáis de mí, ese mismo doy yo para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, yo llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él. (100, 61–70)

Capítulo 66 – Palabras de consuelo y de promesa

Bendiciones
1. Bienaventurado el que lleve con paciencia sus penas, porque en su misma mansedumbre hallará fuerza para continuar cargando su cruz en el camino de su evolución.
2. Bendito sea aquél que soporte con humildad la humillación y sepa perdonar a quienes lo hayan ofendido, porque yo lo justificaré; mas ¡ay de los que juzgan los actos de sus hermanos, porque ellos a su vez serán juzgados!
3. Bendito sea el que cumpliendo el primer precepto de la Ley, me ame sobre todo lo creado.
4. Bendito sea el que deje que yo juzgue su causa justa o injusta. (44, 52 – 55)

5. Bienaventurado el que se humillare en la Tierra, porque yo lo ensalzaré en el más allá. Bienaventurado el que perdonare, porque yo lo perdonaré. Bienaventurado el calumniado, porque yo testificaré su inocencia. Bienaventurado el que dé testimonio de mí, porque yo le bendeciré. Y al que fuere desconocido por practicar mi doctrina, yo le reconoceré. (8, 30)

6. Bienaventurados los que cayendo y levantándose, van llorando y bendiciéndome, los que heridos por sus propios hermanos, confían en mí muy dentro de su corazón. Esos pequeños y tristes, escarnecidos pero mansos y por lo mismo fuertes de espíritu, son verdaderamente mis discípulos. (22, 30)

7. Bienaventurado el que bendice la voluntad de su Señor, bienaventurado el que bendice su propia amargura sabiendo que ella lavará sus manchas, porque ese está afirmando sus pasos para ascender la montaña espiritual. (308, 10)

8. Todos esperan la luz de un nuevo día, la aurora de la paz que sea principio de una era mejor. Los oprimidos esperan el día de su liberación, los enfermos esperan un bálsamo que les devuelva la salud, la fuerza y la alegría.
9. Bienaventurados los que sepan esperar hasta el último instante, porque a ellos se les dará con creces cuanto hayan perdido. Esa espera yo la bendigo, porque es prueba de su fe en mí. (286, 59 – 60)

10. Bienaventurados los fieles; benditos los que permanecen fuertes hasta el final de las pruebas. Benditos los que no han desechado la fortaleza que les imparte mi enseñanza, porque ellos, en los tiempos de amargura que se avecinan, pasarán con fortaleza y con luz las vicisitudes de la vida. (311, 10)

11. Benditos los que me bendicen en el altar de la Creación y los que saben recibir con humildad las consecuencias de sus faltas, sin atribuirlas a castigos divinos.
12. Benditos los que saben hacer mi voluntad y aceptan con humildad sus pruebas. Todos ellos me amarán. (325, 7-8)

13. Benditos sean los que piden con humildad y fe para el progreso de su espíritu, porque ellos recibirán lo que soliciten de su Padre.
14. Benditos los que saben esperar, porque a sus manos llegará mi caridad en el instante oportuno.
15. Aprended a pedir y también a esperar, sabiendo que nada escapa a mi caridad; confiad en que mi voluntad se manifieste en cada una de vuestras necesidades y pruebas. (35, 1 – 3)

16. Benditos seáis los que soñáis con un paraíso de paz y armonía.
17. Bienaventurados aquéllos que han despreciado y visto con indiferencia las trivialidades de lo superfluo, las vanidades y pasiones que ningún bien le dan al hombre y menos al espíritu.
18. Benditos los que han apartado las prácticas fanáticas que a nada conducen y han alejado antiguas y erróneas creencias, para abrazar la verdad absoluta, desnuda y limpia.
19. Yo bendigo a quienes van renunciando a lo exterior para penetrar en la meditación, en el amor y en la paz interior, porque van comprendiendo que la paz no la da el mundo; que la podéis encontrar dentro de vosotros mismos.
20. Benditos vosotros a quienes la verdad no atemoriza, ni os habéis escandalizado ante ella; porque de cierto os digo que la luz caerá como cascada sobre vuestro espíritu, para mitigar por siempre vuestra sed de luz. (263, 2 – 6)

21. Bienaventurado el que escuche, asimile y practique mis enseñanzas, porque él sabrá vivir en el mundo, sabrá morir para el mundo y llegada su hora sabrá resucitar en la eternidad.
22. Bendito el que se profundiza en mi palabra, porque ha llegado a comprender el por qué del dolor, el sentido de la restitución y de la expiación y, en lugar de desesperarse o blasfemar, aumentando con ello su pena, se yergue lleno de fe y de esperanza para luchar, para que el peso de sus culpas se haga más liviano cada día y su cáliz sea menos amargo.
23. La serenidad y la paz es de los hombres de fe, de los conformes con la voluntad de su Padre. (283, 45 – 47)

24. Vuestro adelanto o evolución os permitirá encontrar mi verdad y percibir mi presencia divina, así en lo espiritual como en cada una de mis obras. Entonces os diré: “Bienaventurados los que saben verme en todas partes, porque son los que verdaderamente me amarán”.
25. Bienaventurados los que saben sentirme con el espíritu y aun con la materia, porque son los que han dado sensibilidad a todo su ser, los que en verdad se han espiritualizado. (305, 61 – 62)

26. Vosotros sabéis que desde mi alto solio envuelvo el universo en mi paz y en mis bendiciones.
27. Todo es bendito por mí a toda hora, en todo instante.
28. De mí no ha brotado ni brotará maldición o abominación alguna para mis hijos; por eso sin contemplar justos ni pecadores, hago descender sobre todos mi bendición, mi ósculo de amor y mi paz. (319, 49 – 50)

MI PAZ SEA CON VOSOTROS

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