Testimonio de FU

FU nació en Hiroshima Japón, el 18 de abril de 1890 y se inició en la doctrina espiritualista trinitaria mariana el 14 de noviembre de 1948. A continuación algunos fragmentos de su testimonio.

“México DF: Hermanos, en el nombre del Señor voy a dar testimonio de una de las muchas gracias que me ha concedido por su caridad infinita, no porque crea merecerlas. Durante la guerra mundial, toda mi familia quedó en el estado de Veracruz; yo me encontraba trabajando aquí en el Distrito Federal, en la colonia Portales. El día 12 de diciembre de 1942, como a las tres de la mañana, vi en el sueño a mi hijo, que me jalaba muy fuerte. Pude darme cuenta de que sus ojos estaban muy tristes y enseguida se fue. En ese momento comprendí que era el espíritu de mi hijo. Tres días después recibí un telegrama en el que me avisaban que mi hijo había fallecido. A partir de entonces no lo podía olvidar, siempre lo tenía presente. En 1943 fui a la Villa de Guadalupe y prometí a la Virgen que durante tres domingos iría a visitarla y le encendería una veladora. El primer domingo me acerqué a la estampa –a su imagen– y le pedí que concediera claridad alrededor de mi hijo. En ese momento desapareció de mi vista todo ese lujo, así como la gran cantidad de personas que ahí se encontraban y contemplé un campo sin fin, cubierto de césped muy fino y cerquita de mi estaba de pie la Virgen de Guadalupe. Lo que me extrañó fue ver que no era morena, su rostro era diferente, su manto era de color azul y las estrellas le iluminaban. Luego desapareció y todo volvió a quedar como antes. El segundo y el tercer domingo se presentó igual. Transcurrieron cinco años y en 1948 una señora que conocía la obra bendita del Padre me presentó a un niño de seis años de edad que, según me dijo, se comunicaba con Dios y hablaba muchas cosas del cielo sin perturbarse. Pregunté al niño que si mi hijo tendría luz –porque así se lo había pedido yo a la Virgen de Guadalupe– cuando de pronto se presentó mi hijo por su conducto y me dijo que en un momento de gracia el Señor le había entregado una corona y que estaba muy contento, que daba gracias a Dios y a todos nosotros y me dijo Adiós padre y se retiró”. En ese tiempo yo no conocía esta bendita obra, sino hasta el 14 de noviembre de 1948. FU”

“Hermanos: en esta bendita alba les voy a entregar testimonio de la gracia que el Padre le concedió a uno de nuestros hermanos. Se encontraba éste internado en un hospital y sufría mucho porque no se podía aliviar. El doctor descubrió que era cáncer y le dijo que se fuera a su casa porque ya no tenía remedio. Así pues regresó a su casa y, efectivamente, siguió sufriendo intensamente. Un día fui a visitarlo y le dije: Si usted quiere liberarse de estos dolores, elévese en oración con todo respeto y humildad hacía el Padre. Sabido es por todos sus hijos que para El no hay imposibles. Me contestó que haría todo lo posible. Entonces le expliqué que limpiara la mente de todo pensamiento y que permaneciera así hasta que yo le avisara. Al momento me preparé mentalmente, llamé al espíritu de un doctor conocido cuando vivía en la tierra y le dije que en el nombre de Dios me ayudara a curar a nuestro hermano. Me preparé y al mismo tiempo que pensaba, con mi mano hacía como que sacaba de su estómago todo lo malo que había en él. Cuando creí haber terminado dije al enfermo que ya podía abrir los ojos. Tuve que repetírselo tres veces. Cuando abrió sus ojos me dijo que había contemplado una flor muy grande de color rojo y quería saber qué indicaba eso. Yo le contesté que eso significaba que se iba a aliviar. Entonces me dijo que ya sabía que iba a sanar porque había estado presente el doctor ET y que entre los dos estábamos sacando todo lo malo que había en su estómago, que cuando terminamos ya no sentía ninguna molestia; al contrario, sentía mucho consuelo y se sintió fuerte. También vio mucha luz que irradiaba del Divino Maestro, que se encontraba de pie, a la cabecera de su cama, con una mano extendida de la que salía mucha luz, y su cuerpo recibía mucha fuerza y ya no sentía estar enfermo. Entonces pensó que en verdad para Dios no hay imposibles. Este hermano no volvió a tener fiebre; desde el día siguiente ya no tuvo molestia alguna y a la fecha se encuentra trabajando en Coatzacoalcos, Veracruz. Esto aconteció en el año de 1958. Que la paz del señor sea con todos mis hermanos. FU”

“Hermanos: les voy a relatar las cosas extrañas que me ocurrieron en una ocasión, en la estación de Ojapa. A unos ocho kilómetros internado en la montaña se encuentra un pueblo como de veinte casitas que se llama Loma Bonita. Ya he visitado varias veces este pueblito y se que solamente en tiempo de secas llega una camioneta y hasta que se reúnen ocho personas sale. Porque el camino es muy malo, solamente lo transitan carretas tiradas por bueyes. Ya tenía ocho días de estar curando a los enfermos –los que gracias a la caridad de Dios habían sanado. Con tal motivo me dispuse a irme. Pero no encontré camioneta ni carreta para regresar. En ese momento, sin prepararme, dije en mi pensamiento: Señor, proporcióname la forma de salir de aquí. En ese momento escuché el ruido de un camión. Yo miraba con ansiedad hacia la entrada del pueblo, cuando llegó un camión, dio la vuelta y se fue. Enseguida me dirigí hacía donde se fue el camión, ahí había una señora que estaba lavando y le pregunté si había visto llegar un camión. Me contestó que sí, pero que le extrañaba que se hubiera ido luego; porque siempre paraba el motor y esperaba hasta que se completaba el numero de pasajeros… En ese momento escuchamos el ruido de un camión y llegó una camioneta con dos señores que habían ido a comprar una venada amansada. En esa forma pude salir de ese lugar y yo di gracias a Dios por su caridad. Transcurridos ocho meses visité nuevamente ese pueblo. Estuve ocho días y cuando ya no había más enfermos me dispuse a salir. Pero no encontré camión ni carreta. Con el veliz en mi hombro empecé a caminar; no podía levantar la vista porque había mucho lodo. Seguí caminando y de pronto sentí que el camino ya estaba seco. Levanté la cabeza y vi que ya estaba cerca de la estación de Ojapa, lo que me pareció extraño, porque solamente habían transcurrido como quince minutos desde que salí del pueblo; sin darme cuenta de cómo pude pasar los charcos de agua y el lodo, pues es costumbre quitarse los zapatos para hacerlo. Doy este testimonio para que mis hermanos vean que el Padre nunca abandona a sus hijos. FU”

“Tijuana BC: Hermanos, por orden de nuestro Señor, salí el 23 de septiembre de 1957 de la ciudad de México y me dirigí a Ensenada, Baja California. Permanecí dos semanas en Tijuana y de allí me llevaron a la Colonia Palma, para que curara a una señorita de catorce años de edad, que se encontraba completamente perturbada de su cerebro; al grado de que tenían que cuidar la puerta de la casa día y noche, porque si se descuidaban salía corriendo, brincaba la cerca de alambre que dividía el patio como un caballo y era muy difícil alcanzarla. Cuando comencé a orar se quedó quieta y empezó a dormir algo por la noches. A las cuatro veces que la curé quedó completamente sana. El día que me despedí de ese lugar le dijo su mamá: Hija, ya se va el señor, dale las gracias y que Dios le conceda más y más potestad para que siga haciendo la caridad a la humanidad. La jovencita repitió lo que su mamá le decía y luego me abrazó muy contenta. En ese momento llegaron cuatro hermanos evangelistas del templo vecino a la casa de la enferma y me dijeron que por favor pasara al templo a explicarles cómo había hecho para apartar de la señorita a los seres que la estaban postergando. Que la paz del Señor sea con todos mis hermanos. FU”

“Hermanos: Voy a dar testimonio del poder de la oración cuando s hace como el Padre nos ha enseñado, de espíritu a espíritu, sintiendo el dolor de nuestros hermanos. Un jueves por la noche al hacer mi oración como de costumbre, pedí al Ser Supremo con toda humildad, permitiera a mi espíritu transportarse a la Isla de Okinawa, en Japón, para entregar en su nombre la luz a mis hermanos, que en gran cantidad habían quedado muertos durante la guerra mundial, por carecer de parque y porque consideraban una traición rendirse al enemigo que así se los pedía. Dar luz a un espíritu es convencerlo de que ha dejado de pertenecer al mundo material y que en adelante forma parte del mundo espiritual. Así es que, en nombre del Señor, los invité para que estuvieran presentes al otro día, viernes por la noche, en el recinto El Redentor, en la Colonia Portales, en la Ciudad de México; día en que nos reunimos a hacer oración y a nuestra petición desciende la luz del Espíritu Santo a iluminar y fortalecer al espíritu de sus hijos, tanto encarnados como desencarnados. Al otro día, viernes, me dirigí al tempo como de costumbre y al llegar a la puerta, la hermana C, dándome una palmada en la espalda me dijo: Hermano F, en este día de gracia una cantidad inmensa de soldados japoneses van a venir de aquellas islas al recinto, porque el Señor me permitió contemplar que usted andaba cueva por cueva, entregando esta obra bendita y todos esos soldados japoneses salían de sus cuevas y lo seguían a usted. Entonces le dije: Es verdad, anoche en mi oración envié mensaje para que vinieran aquí al recinto El Redentor, porque el viernes que es día de curación se presenta el Divino Maestro a entregar a los que tengan fe y amor, así como al que busca la eternidad. Esto aconteció el mes de octubre de 1970. FU”

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